jueves, 29 de abril de 2010

Movilidad

Pablo Ospina Peralta

Empiezo diciendo que apoyo la política de pico y placa del municipio de Quito. No porque me parezca hermosa, sino porque es inevitable. Tan inevitable como que, si las cosas siguen como van, la restricción deberá ampliarse. Al principio solo una vez a la semana, pero progresivamente tendrá que aumentar. Solo fijémonos en las cifras.

Según el olvidado Plan Metropolitano de Movilidad, el parque automotor de Quito ha crecido en los últimos años a una tasa escalofriante: 6,5% anual. Esto quiere decir que cada doce años el número de automotores de la ciudad se duplica. El pico y placa, tal como será aplicado a partir de la próxima semana, permite reducir en un 20% el número de vehículos motorizados en circulación: dos números de cada diez deberán guardar sus vehículos por unas horas cada día durante los cinco días de la semana.

Pero una tasa de crecimiento como la que tenemos significa que en tres años (sí, no es un chiste, ¡en solo tres años!) habrá un aumento de 20% del parque automotor, y por lo tanto tendremos exactamente la misma cantidad de autos en las calles que ahora. En tres años se anulará la reducción que tanto cuesta implementar. Llegado ese fatídico momento, si no se restringe más la circulación (por ejemplo, prohibiendo la circulación de tres o cuatro números de placa por día), estaremos exactamente en la misma situación de atolladeros constantes que la que sufrimos hoy en día. Y así sucesivamente cada tres años si la tendencia se mantiene.


(http://www.motorspain.com)

¿Puede revertirse la tendencia? Sólo mediante medidas más desagradables que la restricción de circulación. Prohibición de importaciones, prohibición de compra de nuevos automóviles sin desecho del anterior, aumento de los impuestos o del costo de la gasolina hasta que se vuelva prohibitivo tener auto propio o comprar uno nuevo, entre otras opciones. Otra alternativa es que, por alguna razón, el número de automóviles deje de crecer espontáneamente. Por ejemplo, alguna devastadora crisis económica que reduzca la capacidad de compra de las clases medias quiteñas, o alguna poderosa restricción de los sistemas de crédito para la compra de automóviles que pululan en todas partes.

Por último, queda la esperanza de una mejora sustancial del transporte público para que sea más cómodo moverse en autobús que usar auto propio. El metro parece ser la apuesta de esta administración municipal. Pero el problema es que el costo de oportunidad de semejante inversión (calculada, al ojo, en unos 8 a 10 mil millones de dólares) lo vuelve poco sensato. Con diez mil millones de dólares se podría construir dos trenes de alta velocidad a través de toda la Sierra y toda la Costa: sería una inversión mucho mejor para el país, no solo para Quito.


La concentración del gasto público y de la inversión en estas grandes ciudades, tal como el metro implicaría, no es razonable desde una perspectiva nacional. Formas menos apoteósicas de mejora del sistema de transporte público en la ciudad parecen más razonables.


(http://2.bp.blogspot.com )

Cuando ya no se sabe


Santiago Rosero

11h33 del martes 27 de abril de 2010. María Paula Romo anuncia en su perfil de Facebook que el Pleno de la Asamblea ha resuelto archivar el pedido de juicio al Fiscal porque en la votación no se ha logrado la mayoría para procesarlo. 51 votos no han alcanzado a fraguar la voluntad de quienes apoyábamos lo que parecía justo e irrefutable. Han faltado 12 manos. Entre ellas se han esfumado algunas que se pensaban seguras, pero que al final han resuelto sumarse a los comodones de la bancada oficialista que para hoy se han descubierto como traidores. Otros, los de siempre, pero con los que se contaba por aquellos nebulosos bamboleos que tiene la política, se habrían “atrasado” a la que era la crucial sesión de votación. Pero de esos, y por eso mismo, mejor ni hablar.


Con ánimo conciliador, en su anuncio Romo rescata que toda esta coyuntural contienda servirá, al menos, para depositar en el conocimiento de los ciudadanos el turbio estado de cosas que es rutina en la Fiscalía, pero enseguida yo pienso que con eso no alcanza y que, además, la revelación tan extraordinaria no es porque para quien tenga dos dedos de memoria el chanchullo en los corredores de la Justicia es, más bien, un cacho viejo. Me apoyo a mí mismo considerando que a estas alturas los mandantes, tal como exige el mandatario primero, necesitamos concreciones y ejemplos drásticos de transparencia. Y concluyo seguro de que los premios consuelo son cachivaches para los conformistas.

12h48 Los periódicos online dan cuenta de la noticia y a poco de eso los noticieros la confirman complementándola con algún detalle. No exagero si digo que a mi alrededor la ira, la indignación y el amargo de la decepción hicieron que más de un puño tronara contra la mesa. Sigo sin exagerar si cuento que en ese momento el idealizado espíritu de nuevos aires retrocedió en un
flashback violento y fue a chocar con el recuerdo de las viscosas prácticas de la partidocracia.

13h40 No miento, a mi madre, que venía ardida, se le derrite la voz cuando comenta el desenlace.

En momentos en que los andurriales de la política se han inmiscuido en la cotidianidad del más mortal, zarpazos de este calibre casi que congelan la sangre. O la hacen a hervir hasta que explota.

Qué queda, empiezo a preguntarme.

22h42 Leo que, enfocándose en el análisis de los ecosistemas biológicos, el artículo
La tragedia de la comunidad, que en 1968 escribió Garret Hardin, aborda problemas que habrían de solucionarse sólo mediante un cambio en los valores humanos o en las ideas sobre la ética, para evitar que la búsqueda aparentemente racional del interés individual conduzca a la ruina colectiva. A la degradación del sistema.

La extensibilidad de tales nociones habría permitido que aquello fuera aplicado al estudio de los ecosistemas políticos, donde, a pesar de que las leyes suponen que la ética es fija, se ha llegado a asumir que “la ética de un acto está en función de la condición del sistema al momento en que el acto se lleva a cabo”.

Acudiendo a ello me pregunto cuál es, entonces, la condición actual del sistema. ¿No se suponía que vivíamos un cambio de época en el que se sepultarían las argucias y los acomodos según el escenario de conveniencia? ¿Está siendo la ética moldeada en función de lo que discurre bajo la mesa de la decencia?


Pues parece ser lo que está siendo, y de esa constatación la frase ya se ha desprendido y empieza a desperdigarse entre los inconformes:
la revolución sin ética no es revolución. Lo que de ella quede será, ojalá, el buen gobierno que es cuando en su accionar no se cruzan los intríngulis amistosos que lo enturbian todo.

01h18 Que así sea.

miércoles, 28 de abril de 2010

Para-mediática (II)


Hernán Reyes Aguinaga


Paradójicamente, tras la crisis desatada en El Telégrafo -crisis que ha merecido dos cortas y desafortunadas intervenciones del Presidente Correa en sus enlaces sabatinos- los “medios públicos” se convirtieron también en la “carne de cañón” de los enemigos de Correa, al volverse “objetivo militar” por parte de ciertos medios privados a través de sus milicias de opinión que han usado argumentaciones endebles y tramposas. Sin la más elemental profundización analítica ni el más mínimo escrúpulo, varios editorialistas de prensa y opinadores televisivos no sólo han malinterpretado la verdadera causa de la crisis del periódico –la intención de los directivos de meter mano a la independencia y pluralidad del pensamiento de sus editorialistas- sino que han usado ésta para justificar sus propias mediocridades, llegando incluso a plantear la inutilidad de los medios públicos en el escenario mediático. Así expresan el extraño “afecto de la servidumbre” del explotado que llega a defender a muerte a su explotador. Resulta asombroso ver cómo pueden interiorizarse tanto la impasible lógica del amo, bloqueando las propias experiencias dolorosas y terminando por alegrarse del grosero abuso de poder ejercido contra sus pares, salvo, claro está, su heroica defensa de Emilio Palacio.

(http://mediamanagementblog.files.wordpress.com)

Estos editoriales revelan incongruencias y falacias presentes en la interpretación de la crisis de El Telégrafo, y una gestualidad que raya en la miseria cuando con gestos de alivio muestran que ellos están del “lado correcto”, es decir, el del poder, con lo que reafirman la hegemonía de los medios en manos privadas; y en otras casos, queriendo pasar por ingenuos, con maliciosa intencionalidad se retratan a sí mismos como simples ciudadanos y llegan a plantear que como tales tendrían hasta derecho a escoger la planta de editorialistas de un medio público –como si ellos mismos no hubieran sido escogidos a dedo por los dueños de sus medios-.

Otras veces, confunden el sustrato ético de la renuncia masiva de un colectivo de editorialistas ante la evidencia de censura interna, con un acto de arrogancia y de “auto-confesión de culpa”, y de este modo tratan de desacreditar personalmente a quienes llaman “predestinados intelectuales gobiernistas”. ¡Qué poco liberales! ¿No dizque se la pasan reclamando el pluralismo y la libre competencia de las ideas? En realidad, lo que les molesta es su propia mala conciencia puesto que en realidad fue precisamente el ejercicio plural de la crítica, tanto al despotismo oficialista como al de los grandes terratenientes mediáticos, lo que marcó los matices de la crítica editorial en El Telégrafo hasta marzo pasado.

Haciendo un parangón con la realidad colombiana, allá los “para-militares” fueron creados para defender las grandes propiedades privadas del ataque de las guerrillas. En el contexto mediático, los mercenarios locales no actúan ni desde el libre-pensamiento liberal ni desde mandatos éticos de ningún tipo, sino desde el servicio a sus amos, auto-suprimiéndose la libertad para polemizar y optando por la ejecución sumaria de quien pueda parecer su adversario o competidor.

Defendiendo a morir la propiedad particular de los latifundios informativos donde trabajan a condición de negar a la crítica, es como lidian con lo contradictorio de sus conciencias.

Botrosa frente al espejo


Gustavo Abad


“El Pambilar está amenazado por las invasiones” tituladiario El Comercio en la edición del pasado 18 de abril. El informe de tres cuartos de página, con cuatro fotos a color, llama la atención por la importancia del tema, puesto que ese bosque esmeraldeño fue devuelto hace mes y medio al Estado luego de haber permanecido durante casi dos décadas en manos de la empresa maderera Botrosa, una de las mayores explotadoras de bosques en el Ecuador.

Entonces uno comienza a leer en espera de algún dato acerca de qué pasará en adelante con ese bosque, qué programas de manejo están en camino, de qué manera la población de la zona se podrá beneficiar de la conservación del patrimonio forestal, qué nuevas acciones tomará el Estado para salvar a éste y otros bosques de la provincia de Esmeraldas, arrasados casi hasta su desaparición por madereras y camaroneras en los último 30 años.

(http://3.bp.blogspot.com/)


Pero no, lo que viene es una apología a la empresa Botrosa, un largo recuento de las supuestas buenas acciones destinadas, según dicen, a conservar el bosque. Si nos creemos la versión de El Comercio, deberíamos hacer una romería para agradecer a Botrosa por su gran labor conservacionista y su apoyo desinteresado al desarrollo social de los pueblos más abandonados del Ecuador. Sospechosa imagen creada por ese diario, que hace el papel de espejo distorsionador, para lavar la imagen de una empresa cuyas ganancias son directamente proporcionales a la cantidad de árboles talados.

El Comercio nos vende como informe periodístico un texto que tiene todas las características de un publirreportaje mal disimulado. Para comenzar, la principal fuente es la propia Botrosa a través de un funcionario, cuyas afirmaciones son aceptadas como irrefutables puesto que en ningún momento se las confronta con otras fuentes. Recoge superficialmente el testimonio de cuatro pobladores de la zona. El Comercio afirma que el bosque está amenazado por las invasiones y no por las madereras, pero no dice quiénes son ni presenta la versión de los supuestos invasores.

Periodismo que privilegia una sola fuente no es periodismo y, menos aún, si se trata de una fuente socialmente cuestionada. Eso lo saben bien los jefes de información de ese diario, pero todo indica que, cuando se trata de Botrosa, prefieren hacerse los desentendidos. En el informe aludido, no se consulta a organizaciones ecologistas, a dirigentes comunitarios, tampoco a investigadores, que cuestionan la actividad de esa y otras madereras en el Ecuador.

El pasado 16 de marzo, una organización ecologista y tres de derechos humanos (Acción Ecológica, CEDHU, INREDH y CDES) denunciaron, mediante una carta pública dirigida al presidente, Rafael Correa, el asesinato de los esposos José Aguilar y Yola Garófalo, líderes ecologistas populares. Los denunciantes sostienen que la muerte de los campesinos se produjo en un contexto con más de una década de enfrentamientos entre los habitantes del sitio Hoja Blanca y la empresa Botrosa, en la zona de El Pambilar.



No se ha visto en algún medio una investigación profunda sobre el tema. Ellos miran para otro lado incluso cuando hay muertos de por medio. La doble moral de muchos jefes periodísticos de los medios privados los lleva a celebrar la censura ejercida por un sector oportunista del gobierno en los medios públicos, pero se callan frente a la censura y las injerencias que el poder económico ejerce sobre sus propios medios.

Hace poco, uno de los responsables de la línea informativa de El Comercio escribía, muy en su estilo sacerdotal de los sábados, un comentario respecto de lo que él llama el omnipoder político, que existe pero no es el único. Seguramente no ha leído lo que el omnipoder económico hace en sus propias páginas. Mejor dicho, sí lo ha leído, pero prefiere mirar para otro lado, como hacen muchos. A eso le llaman periodismo independiente.

Lukács y la conciencia crítica de nuestro tiempo

Wladimir Sierra Freire

Bajo el sugestivo título de “Es todavía salvable el socialismo (marxismo), sobre la actualidad de un marxista de izquierda”, los días viernes 23 y sábado 24 de la semana pasada se realizó en Berlín un ciclo de conferencias en homenaje a los 125 años del nacimiento del filósofo marxista húngaro György Lukács. Los temas tratados en este Congreso –por una veintena de intelectuales de izquierda- estuvieron articulados en cuatro grandes círculos de discusión: Acerca de la reconstrucción de un marxismo radical en los años 20; Fascismo, frente popular e ideología humanista; Conciencia de clases, organización y revolución –Lukács 1968 y hoy-; y, Socialismo y democratización.

www.catapulta.com.ar

Manuel Sacristán, el traductor oficial de Lukács al español, señalo en alguna parte que el intelectual húngaro era una suerte de Aristóteles moderno. Sacristán se refería, por supuesto, a la prolífica y variada obra del autor de “Teoría de la novela”. Lukács nos legó, no solamente la primera reconstrucción filosófica del marxismo en “Historia y conciencia de clases” (un texto sin el cual es impensable toda la extensa obra y la influencia que tuvieron y siguen teniendo la Escuela de Frankfort, la Escuela de Budapest y el Círculo de Praga) sino también sus innumerables estudios sobre teoría literaria, su interpretación de la filosofía de la vida como ideología de fascismo, su monumental Estética y su postrera ética ontológica, ética expuesta como prolegómenos en los dos volúmenes de “Ontología del ser social”. Empero, lo que vuelve más importante la figura del pensador húngaro es que -como solo pocos- produjo y entendió su pensamiento filosófico en constante diálogo con los avatares políticos de su tiempo, lo entendió enfrentado, discutiendo y elaborándose palmo a palmo con el transcurrir histórico-social que comprometió su ser intelectual con el capitalismo y el socialismo europeos.

De toda su basta producción, sin embargo, sigue siendo “Historia y conciencia de clases” y dentro de ella “La cosificación de la conciencia del proletariado” el texto más influyente del maestro húngaro. Es un texto que, curiosamente, abrió la puerta a la comprensión del marxismo a muchas generaciones de intelectuales de izquierda. No tanto porque en este libro encontremos la fundamentación filosófico-antropológica del marxismo, sino porque en la categoría de “cosificación” Lukács logró ampliar el concepto de “fetichización” de Marx y transformarlo en la apertura crítica a la comprensión de las patologías sociales de un capitalismo extendido más allá de la sujeción y explotación meramente económicas. Con la categoría de “cosificación” Lukács avizoró la mercantilización y el dominio de la vida subjetiva humana, no solo en sus componentes éticos y estéticos (como Adorno y Horkheimer lo hicieran en Dialéctica de la ilustración), sino también en sus componentes científico-racionales.

La cosificación y su poder crítico ahora se harán cargo -como ya se deja leer en las últimas producciones de la Escuela de Frankfort- de la desintegración de los soportes más profundos de la psiquis humana producida en la esfera ideológica digital del cyber world. Recuperando y actualizado, de este modo, la más alta apuesta del viejo Lukács.

Día del libro

Lucrecia Maldonado

Siempre que se establece un día especial para algo a mí me viene un aire de sospecha. Cuando nací y era pequeña, solo había el día de la madre y el día del padre, fechas en la que la producción de manualidades escolares alcanzaba su máximo apogeo. Luego, casi al final de mi infancia, apareció el día del niño, el primero de junio. En aquel tiempo y durante muchos años, el día del niño se festejaba en guarderías y escuelitas de una manera más bien austera: algún artista, mago o payaso, y las tradicionales pasta y cola… Ahora el mercado se ha apoderado también del día del niño y entonces si una quiere arribar por mala suerte a un centro comercial para pagar la luz el primero de junio será misión imposible o por lo menos muy riesgosa.

www.platea.pntic.mec.es

Pero bueno, más allá de las digresiones, desde hace algún tiempo también tenemos, entre esa vasta colección de efemérides, el día del libro, la lectura y los derechos de autor. Día de especial celebración para quienes leen, para quienes escribimos, para quienes editan libros y para quienes los venden (creo que sobre todo para estos dos últimos grupos).

¿Por qué se celebra este día? El 23 de abril de 1616 murieron los dos más grandes escritores de las lenguas española e inglesa: Miguel de Cervantes y William Shakespeare, a más del Inca Garcilaso de la Vega. Entonces es una especie de homenaje al legado de los genios de la literatura.

Personalmente, este año estuve bastante festejada con motivo del día del libro: me invitaron prácticamente a todas partes. Hasta a Cuenca me fui, lo cual me encantó, pues Cuenca es una ciudad que amo muchísimo.

Sin embargo, y como ya lo dije, la celebración del día, de la semana del libro, me plantea algunos interrogantes:

Primero que nada, y como se dijo en un encuentro con estudiantes de colegios nocturnos en el Centro Cultural Metropolitano de Quito, ¿qué hacen nuestras autoridades, las más importantes, para motivar a que en este país se lea más? ¿qué podrían hacer? Yo creo que mucho. Edwin Madrid ya sugirió, por ejemplo, que el Presidente, en alguno de sus informes sabatinos (el más cercano al 23 de abril), aludiera a la importancia de leer un poco más en nuestro paisito, en donde a veces da la impresión de que existen más escritores que lectores. De hecho, el Ministerio de Cultura organizó una serie de encuentros con escritores en sus instalaciones, así como una semana entera de actividades para celebrar la semana del libro.

Como alguien que escribe y publica libros, pienso que todavía falta por hacer, no solo a favor del libro y la lectura, sino a favor de quienes sustentamos la industria editorial a partir de nuestra imaginación, nuestra creatividad, y con frecuencia nuestra angustia existencial, que es de donde muchas veces nacen las obras que escribimos. En este, como en otros países del mundo, la ganancia del escritor sigue siendo el diez por ciento, o menos, sobre las ventas de sus obras, tal vez porque la industria editorial olvida que si a los escritores y a las escritoras no se nos ocurriera nada lo más que podrían producir sería cuadernos o cuando mucho agendas, perdiendo así su estatus de adalides de la cultura. Cuando comprometimos una obra con una editorial, no siempre, pero con frecuencia, ese cuento, ese libro ya no nos pertenece, y si queremos, por ejemplo, internacionalizar su publicación cambiándolo de sello editorial, tenemos que pedir permiso, con alto riesgo de que no nos lo den, y punto. Ha sucedido.

No aspiro a enriquecerme, ni siquiera a vivir decentemente de lo que escribo. Amo la escritura como parte de mi vida, como un oficio que me ha dado alegría y consuelo en muchos momentos importantes de mi vida, por no decir en todos. Sin embargo, las celebraciones por el Día del Libro me llevan a meditar en que también en este campo todavía existen muchos aspectos que arreglar y solucionar, sobre todo a nivel del trato y el respeto al trabajo de los creadores de libros de literatura, que tal vez sean los libros por excelencia, amparados por los santos patronos Miguel y William, quienes también sufrieron incomprensión y pobreza, para que algún día podamos decir, como un tío mío ante la pregunta de uno de sus hijos todavía pequeños sobre cuándo era el día de la madre:

-Hay una fecha, sí… pero el día de la madre son todos los días.

Y el día del Libro también deberían ser todos los días.

martes, 27 de abril de 2010

Vattimo y la furia de la derecha

Alejandro Moreano

Lyotard -La Condición posmoderna- y Vattimo -La Sociedad Transparente- fueron los dos gurúes del pensamiento posmoderno.

A la muerte de Lyotard, en 1998, escribí un homenaje, a publicarse en HOY. A pesar de mi objeción a sus tesis, reconocí su singularidad y su excelente crítica a la teoría de los sistemas de Luhmann.

Mi columna era la de la izquierda, la más importante en el diagramado de entonces y en la que llevaba casi 6 años. Mi sorpresa fue mayúscula cuando encontré el texto en la columna inferior, la menos importante y casi invisible. La decisión de los directivos de HOY no era un rechazo a Lyotard al que ni siquiera conocían. Se aproximaban las elecciones, apostaban todo por Mahuad y mis posiciones críticas no eran las más convenientes.

Imaginé una respuesta ingeniosa: di a mi columna un título provocador “Desde el sótano” y el primer artículo fue aun más instigador, un elogio del sótano como escenario de la persecución, la resistencia y la rebelión: las catacumbas cristianas, los conciertos rockeros, las conspiraciones, los de abajo. El poder toma siempre lo alto: encima de las pirámides indias erigieron iglesias y, en el Cuzco, el segundo piso español pretende subyugar el primero y maravilloso de los templos incas.

Lyotard (http://www.lyceogiogia.it)



Vattimo (http://fcom.us.es)


Advino entonces una prolongada pelea entre líneas con la dirección del HOY y los articulistas “fieles” que terminó en mi separación inexorable.

Hoy, en coincidencia con una similar censura en un diario “público”, Vattimo, el otro gurú posmoderno, estuvo en Quito invitado por la Universidad Andina. Algunos de los “censurados” tuvimos un almuerzo con él.

El Vattimo de “La Sociedad Transparente” hizo el elogio de los mass media como el lugar de la verdad en la sociedad posmoderna. Lo cuestionamos, desde luego, en tanto la derecha lo convertía en su gurú.

Pero Vattimo es un buscador infatigable. Al percibir el agotamiento de la “posmodernidad”, la crisis del capitalismo, y el resurgimiento de la resistencia buscó nuevos caminos sin abandonar su matriz filosófica. El cristianismo fue una primera estación. La final fue el socialismo, Cuba y Venezuela, el nuevo rumbo de América Latina. En su libro Ecce Como postula que no solo se puede ser comunista sino que se debe serlo.

La nueva posición de Vattimo enfureció a la derecha. José Hernández, director de Vanguardia, la rechaza porque trata de “volver, por lo menos, 60 años atrás”.

¿Horror reaccionario? ¿ausencia de inteligencia? En alguna ocasión escribí La cronología como criterio de verdad del pensamiento linda con la estulticia”. Las religiones que gobiernan el imaginario de la humanidad tienen su origen en el Siglo XVI a.c. El cristianismo y el islamismo son las más jóvenes.

El comunismo no comienza ni acaba hace 60 años. Es tanto o más viejo que las religiones. Estuvo presente en la rebelión de Espartaco, en las prédicas de los primeros padres de la Iglesia, en las comunidades quiliásticas de la Edad Media y, en la formulación de las tres edades por Joaquín de Fiore, como la Edad del Espíritu Santo. Volvió con la rebelión de Tomás Muntzer y conformó la extrema izquierda de la revolución francesa: la “conspiración de los Iguales”, Babeuf...

Se inició así su vigencia moderna: las sociedades “utópicas”, la mayor de las cuales fue la de los “falansterios” de Fourier. Marx le dio una base terrenal, lo convirtió en proceso histórico con un sujeto, los trabajadores. Oscar Wilde unió comunismo e individualismo: la abolición de la propiedad privada liberaría al ser humano de las coacciones, le otorgaría la plenitud de su libertad para tallar su ego como una obra de arte.

Desde entonces socialismo y comunismo han sido corrientes hegemónicas e interlocutores privilegiados de otras como el psicoanálisis, la antropología, el existencialismo. Y aun en el período neoliberal, pensadores críticos como Derrida, Deleuze, Zizeck, le rindieron homenaje. En América Latina, ha sido el referente del pensamiento sigloventino desde el de Martí hasta el de los estudios poscoloniales, pasando por la teología de la liberación, la sociología y el pensamiento económico.

1917, el único año comunista de la historia según Marguerite Yourcenar, puso el cielo al alcance de la mano. La caída del Muro pareció enterrarlo. Más, no han pasado ni 20 años para que el viejo sueño retornara

En el 2005, una encuesta de la BBC de Londres eligió a Marx como el mayor filósofo de todos los tiempos. La caída de la Bolsa de New York restableció su autoridad y consolidó una nueva época en que las huelgas europeas –Grecia, Francia-, la emergencia de los pueblos indios, la rebelión árabe y el giro de América Latina presagian grandes cambios.

La cronología como criterio de verdad es estúpida. ¿Acaso José Hernández es más sabio que Platón por vivir 2500 años después?

Hernández (http://www.estaentodo.com)

No críticos


Mariana Neira

Regresé a www.eltelegrafoenelexilio.com porque coincido con las ideas de este colectivo que cree en una tercera opción dentro del periodismo: ni estatal, ni privado. ¡Público! Una palabra que aún no comprendemos bien los ecuatorianos, pero algunos políticos ya la conocen y pretenden manipularla hábilmente.

Este gobierno invita a participar en el proyecto de periodismo público a periodistas y pensadores de otras áreas, diciendo que van a servir a la ciudadanía. Ese objetivo se cumplía sirviendo incondicionalmente al gobierno elegido por una mayoría de ciudadanos.

Guiados por el modelo de Europa, los extelégrafos discrepan con ese concepto. El periodismo público es un servicio a los ciudadanos de cualquier tendencia, no al gobierno de turno. Y empiezan con ciertas críticas a la administración pública. La página editorial se había convertido en una bomba de tiempo; había que desarmarla. Para eso recurren al shock. (Cuando veo estas cosas me acuerdo de la ‘Doctrina del shock’, de Naomi Klein). Anuncian la creación de un periódico “chicha” paralelo (como los de Montesinos en Perú). No se imaginaron un acto de rebeldía de los periodistas y editorialistas, entonces, remueven a la cúpula poco a poco, poniendo en su lugar a personajes obedientes NO deliberantes (como en los cuarteles) que anuncian públicamente una censura que viola un principio elemental de la declaración universal de los derechos humanos: la libertad de expresión. Después buscan la manera de desacreditar a la cúpula caída. “Había mucho gasto”, dicen, y recién se dan cuenta. Luego de decapitar al periódico insultan a los intelectuales que “nadie lee”.

A propósito de lecturas, les cuento una anécdota. Amigos me preguntaron por qué desaparecí. Les dije que estuve “recorriendo los caminos de la patria” (no es frase mía) en busca de lectores para estas columnas “que nadie lee” (tampoco es frase mía). Después de reírse, uno de ellos, gran lector, me consuela: “También hay libros que no se leen”. (En los círculos de lectores bromeamos que hay libros que se compran solo para enderezar la pata de la cama). Y empieza a hablar de las “bananas” (con ese nombre simplifico esos títulos tan largos que les pusieron). Mi amigo me dice que en el ranking de los libros más leídos, la “banana” No. 2 de Pablo Cuvi le supera a la No. 1 de Rafael Correa.

Ahí no queda el asunto. En los “caminos de la patria” me encontré con un editor nacional que me contó que la “banana” No. 1 había sido impresa en el extranjero. “En esta crisis debían habernos dado a los ecuatorianos ese trabajito”, dijo. Me quedé pensando. Si tanto les preocupa la crisis económica de El Telégrafo, ¿por qué la “banana” No. 1 no la imprimieron allí?


(http://www.paolapullas.com)

La “crisis” fue un pretexto para deshacerse de los periodistas e intelectuales críticos. Querían hacer de El Telégrafo un “boletineador” oficial con toques de crónica roja y sexo, a veces copiados descaradamente. Lo digo porque acabo de enterarme que el anterior fin de semana un canal de televisión privado difundió una denuncia sobre abusos sexuales en un lugar de la Costa. Al siguiente día El Telégrafo publicó una transcripción textual de esa historia sin citar la fuente. Eso en cualquier parte del mundo se llama plagio. Acá, son las perlas del “nuevo” Telégrafo.

viernes, 23 de abril de 2010

El vértigo de Rubén Darío


Guillermo Bustos

No hay que confundir ni llamarse a engaño con respecto a la comparación entre el número de lectores que determinada sección de un periódico alcanza y la importancia o la calidad que guarda su contenido. Si las secciones deportiva y de clasificados tienen más lectores que la página editorial de un periódico como El Comercio, para citar un caso, eso no significa que la calidad del contenido de aquellas sea necesariamente superior, ni que la página editorial deba contar cachos (aunque sean sabrosos y de oposición al régimen) para mejorar su visibilidad. Como se sabe, cada sección tiene su especificidad, su perfil de lectores y resulta un disparate pedir cuentas al director de la línea editorial sobre el plan de mercadeo de un periódico. Una cosa es que el pan caliente se venda rápido y otra diferente que éste califique como un alimento nutritivo. Estas distinciones se aplican a los recientes comentarios que sobre El Telégrafo realizó el presidente Correa y un coro de articulistas de diferentes periódicos, entre los que Rubén Darío Buitrón, imitando al coyote Wile en su vana persecución al Correcaminos, se precipita en caída libre sobre la superficie de lo público.

(http://libweb5.princeton.edu)

Ningún medio público-estatal (no gubernamental) puede reclamar la representación exclusiva de lo público deliberante, como tampoco los medios privados de comunicación pueden demandar el monopolio del ejercicio de la libertad de expresión. La sociedad en sus múltiples pliegues y diferencias se resiste a dejarse encapsular de maneras tan burdas. Por esa razón, para que el actual debate sea de algún provecho debe centrarse más en la democratización de los medios y la comunicación, y menos en la libertad de expresión, porque la fetichización de esta última impide constatar que sin la condición de la primera, la libertad no pasa de ser una quimera mediática. El omnipoder que denuncia el columnista en cuestión, en el vértigo de su persecución a los medios públicos, solo aparece en el horizonte del Correcaminos; y quizá por ser víctima del artilugio de su propia obsesión, irónicamente, no se da cuenta que el poder está más cerca de su nariz que delante del objeto inasible de su extravío.

La animadversión que ‘muchos’ medios privados dirigieron a El Telégrafo no ha sido fortuita. ¿Se podía esperar otra reacción de quienes veían resquebrajado el monopolio que disfrutaban en los ámbitos de la información y opinión? La incapacidad de deliberar sobre el papel de los medios de comunicación públicos y privados en la sociedad, que generalmente tropieza con la cantaleta antigobiernista, muy distinta de la crítica que con fundamentos hurga en las contradicciones entre lo que fue el proyecto de la revolución ciudadana y sus realidades, se ha reducido a un videojuego de tiro al blanco contra los ex columnistas del medio público. Por lo que se ve, no se trata de ventilar ideas sino de quemar incienso ante el altar privado de los santos patrones de algunos medios.

jueves, 22 de abril de 2010

Radicalización

Pablo Ospina Peralta

La verdad es que todavía no entiendo muy bien el conjunto de cambios ocurridos en las últimas semanas en el rumbo y la política de la revolución ciudadana. Según entiendo, los dirigentes gubernamentales han hecho una evaluación colectiva de los tres años anteriores y de las proyecciones para la nueva etapa, con sus ejes prioritarios. Todos ellos, en principio, se enmarcan en lo que anunció el presidente Rafael Correa al ganar las elecciones hace un año y que ratificó el día de ayer en la posesión de los nuevos ministros: la “radicalización” de la revolución ciudadana. ¿Qué es eso exactamente?

(http://4.bp.blogspot.com)

El conjunto de acciones recientes no deja claro (al menos para mí) el rumbo de la “radicalización”. Los cambios de ministros son bastante ambivalentes. Gracias a Dios, María de los Ángeles Duarte dejará de hacer daño en el MIES, pero al parecer ahora lo hará en Transportes. Salió Raúl Vallejo de Educación pero queda su subsecretaria, con lo que el rumbo y el sentido de la revolución en la educación será más (o menos) de lo mismo. Erika Silva, que no pertenece al mundo del arte, cercana al Partido Socialista, accede al Ministerio de Cultura justo cuando el partido se distancia (¿parcialmente?) del gobierno. La lógica de varios de los cambios podría ser ante todo la eficiencia administrativa, antes que la reorientación política: parece el caso del Ministerio de Finanzas y de Recursos no Renovables. El desgaste político parece algo importante en Salud y en la Secretaría del Agua.

Mientras tanto, el alejamiento de las organizaciones populares históricas parece cada vez más claro. La distancia de FENOCIN por la ley de aguas, la acerca momentáneamente a la CONAIE y las marchas prefiguran un escenario conflictivo, porque en esta “papa caliente” la opción del gobierno parece ser enemistarse lo menos posible con los grandes poderes fácticos, camaroneros, Nebot y otros del estilo. Sin agua, la masiva redistribución de tierras “improductivas” anunciada por el Ministerio de Agricultura, de dos millones de hectáreas, será un fiasco porque no habrá forma de volverlas “productivas”.

La dignidad y el honor del Fiscal General han quedado a salvo. Pero el costo político de la operación de recuperación de sus credenciales de honradez pública, amenazan ser muy altos. Si Pamela Falconí, asambleísta de País que apoyaba inicialmente el juicio, anuncia que su voto final por el archivo del juicio responde a la “postura del partido”, cuando el discurso oficial fue “atenerse a las pruebas”, deja muy mal parado al gobierno y su partido, al menos para quienes siguen con alguna atención la política. Por supuesto, el golpe al prestigio es más fuerte contra la Asamblea Nacional que contra el gobierno, porque ya cargaba con el peso de su falta de autonomía.

Al final me queda una sensación salobre. Parecen radicalizarse algunas de las peores tendencias previas.

Para-mediática (I)


Hernán Reyes Aguinaga

En ciertas guerras desiguales, miden fuerzas ejércitos regulares, bien armados y entrenados frente a “milicias” que al carecer de recursos recurren a tácticas que van desde el golpe certero y la agilidad para ocultarse y golpear en otro ataque imprevisto, evitando el enfrentamiento cuerpo a cuerpo con el poder descomunal y las estrategias de control del enemigo.

Colombia es el último país latinoamericano donde persiste una guerra entre el ejército regular y las guerrillas informales. Sin embargo, existen “otras” guerras de alta intensidad que se libran en buena parte del continente y en otros campos de lucha distintos a las selvas y las montañas. Actualmente, es el campo de la comunicación el lugar donde se escenifican batallas mayores de la política. La violencia simbólica presente en esta contienda es muy visible en los discursos que circulan como balas o como misiles. Así, desde hace un tiempo para acá, el debate sobre la comunicación masiva se ha llenado de los duros calificativos que se usan para describir al adversario. Recientemente el ex-Ministro Gustavo Larrea acusó a ciertos medios privados de haber cometido con él un “crimen de imagen” a propósito del grosero manoseo que hicieron de sus supuestos vínculos con la guerrilla colombiana de las FARC. Desde la otra orilla, se llama “terroristas mediáticos” a quienes actúan produciendo consenso público y legitimidad a favor de los grandes propietarios de corporaciones de la información con el apoyo de sus perros guardianes con la finalidad cuando atacan a ciertos gobiernos latinoamericanos y desprestigiar políticas públicas que en distinta medida han enfrentado al poder fáctico de las grandes empresas capitalistas de información masiva.

(http://zapateando2.files.wordpress.com)

Inversamente, ahora mismo los grandes medios han puesto el grito en el cielo con la creación de las “guerrillas mediáticas” en Venezuela, iniciativas donde grupos de jóvenes afines al gobierno recurrirán a prácticas de comunicación alternativa a fin de “enfrentar las mentiras y desinformación que, día a día, emiten los medios de comunicación privados”. ¿Qué se juega detrás de esta inédita beligerancia desatada alrededor de la comunicación y sus impactos políticos? ¿Cuáles son los puntos de discordia y los botines en disputa en estas guerras mediáticas? En primer lugar, la comunicación masiva obedece a una lógica comercial y mercantil, que tiene una magnitud impresionante. Por otra parte, mediante la comunicación de masas se legitiman las ideologías y los valores sociales mayoritariamente aceptados, bases ambas del sentido cultural que orienta el devenir de una sociedad.

Dentro de estas dos coordenadas de racionalidad se puede entender tanto los aciertos como los errores de la política respecto a la comunicación en el país. La presencia de medios públicos podría significar competencia en el mercado de la comunicación, y por eso estos medios fueron atacados desde su propio nacimiento por los medios privados y por los periodistas que están a su servicio. Pero también los medios públicos pueden significar el cuestionamiento a cierto tipo de periodismo que se niega de plano a pensarse como de “servicio público”…

miércoles, 21 de abril de 2010

Propaganda, no periodismo crítico


Alejandro Moreano

La eliminación de medios críticos del poder tiene una abundante historia. Los regímenes fascistas los suprimían y ocupaban sus instalaciones, los autoritarios los bloqueaban y a veces destruían sus equipos

En el Ecuador, por ejemplo, la imprenta del diario socialista La Tierra fue empastelada, la imprenta universitaria que editaba el semanario Orientación fue destruida por los militares durante el Gobierno de Velasco Ibarra de 1970, poco antes del golpe de Estado.

Los regímenes constitucionales han debido recurrir a medios menos expeditos, a veces de un modo harto escabroso. Fue célebre, por ejemplo, el sometimiento de El Excélsior de México en 1975. El Excélsior era un gran periódico liberal, considerado uno de los 10 mejores del mundo, que promovía una defensa irrestricta de los derechos humanos y mostraba el carácter represivo del PRI.

El gobierno ejecutó un plan de un rudo maquiavelismo. Aprovechando que El Excélsior tenía la forma jurídica de una empresa cooperativa de todos los trabajadores y periodistas, la misma que había comprado unos terrenos en los cuales se había iniciado la construcción de viviendas, movió a los campesinos que habían vendido las tierras para invadirlas, argumentando que fueron engañados. A los 15 días, los cooperantes, aterrorizados por perder sus terrenos y sus casas ya en construcción, expulsaron a Julio Scherer y los principales periodistas, por “traidores a los principios cooperativistas”, luego de lo cual les devolvieron los terrenos. El Excélsior no despareció, por supuesto, pero dejó de ser lo que era. Scherer y su grupo fundaron la revista Procesos que dura hasta la fecha.

(www.proceso.com.mx)

La subordinación de El Telégrafo siguió un camino menos escabroso y más expedito. El Gobierno decide editar un periódico de propagada y gran tiraje con los equipos y el presupuesto de El Telégrafo, arrinconando al actual a un escondijo de las instalaciones, el tiraje y el mercado para que se extinga. Como el director se opuso, reunieron una “junta de accionistas” con un solo accionista, cambiaron al directorio y destituyeron al Director.

El Presidente justificó el procedimiento con la cantilena de que el periódico iba a pérdida solo para que “unos respetables intelectuales“ se lean entre ellos.

La página editorial era, sin duda, una de las más leídas en el país, tal como lo fuera la de HOY en su buena época. ¿Hay que recordar que la gente lee el Comercio por los avisos clasificados y el Universo por los informes de trabajo y no por los editoriales? Hay que recordarle al Sr. Presidente que él es mucho menos leído –entre los pocos de sus lectores estuvieron algunos de los columnistas- que varios editorialistas que tienen textos de tirajes hasta 10 veces superior al suyo?. El Sr Presidente es muy oído y muy poco leído.

Pero, el número de lectores no es el criterio de la influencia de las ideas. ¿Cuántos leyeron a Rousseau en la época de la independencia? ¿Cuánto han leído a Kant y Hegel que han marcado el horizonte ideológico de toda la modernidad?. ¿Cuántos a Friedman, cuyas ideas están presentes en la globalización?

El Presidente no está pensando en la gravitación de las ideas y en su radio de influencia. Está pensando en la propaganda del régimen. Y para eso no sirve un periódico crítico sino una suerte de Extra político gubernamental.

Contar muchas historias.

Juan Martín Cueva

La escritora nigeriana Chimamanda Adichie cuenta cómo se dio cuenta de que se nos cuenta una única historia sobre cada época, cada persona, cada país. Cuando llegó a vivir en su casa un niño cuyos padres no podían hacerse cargo de él, se le abrió una parte del horizonte que estaba antes oculta a su mirada. Descubrió que la historia de su familia se cruzaba con las de otras familias, distintas a la suya aunque fuesen igualmente nigerianas e igualmente negras. Supo que esos campesinos no eran solamente pobres sino que además sabían hacer bonitos canastos, o cantar bien, o tenían mil otras habilidades, gustos y maneras de ser que los distinguen e identifican. Descubrió al otro, igual y distinto.

Chimamanda Adichie

(http://www.colettebaronreid.com)

Años después, estudiando en los Estados Unidos, entendió que para su compañera gringa ella era ese niño campesino pobre. No cabía en la mente de una universitaria norteamericana que una nigeriana pudiese venir de una familia acomodada, hablar inglés igual o mejor que ella, escuchar discos de Mariah Carey y comer sushi. Tenía incorporada una sola historia de los africanos. Un solo paisaje: la sabana al atardecer, con leones y cebras. Cartas postales, clichés, estereotipos. Cuando presentó un trabajo a su profesor de literatura, éste le dijo que no era un relato “auténticamente africano”. Su texto ponía en escena familias urbanas que se movilizaban en autos, el profesor quería ver niños pobres y desnutridos caminando por la selva semi-desnudos. No podía contarse otras historias de esos personajes: sex and the city es solo el sexo de las angustiadas newyorkinas solas y medio histéricas. Un africano tiene que contar el Sida, la pobreza, las guerras tribales y los dictadores pintorescos.

Esto nos pasa todos los días: los colombianos son delincuentes, las cubanas son “mujeres fáciles”, los indios son oportunistas y sucios, los costeños con vivísimos, los serranos son mojigatos. Los esmeraldeños son buenos para bailar y los negros del Chota son grandes futbolistas.

¿Cómo se construye esa historia única? ¿Qué papel juegan los intelectuales, la academia, los medios de comunicación, los artistas, en la fabricación de esa imagen que engloba todo y anula las diferencias? ¿Puede un gobierno que quiere transformar el país contribuir a que otras historias se cuenten, la intimidad de Eloy Alfaro o la humanidad de Abdón Calderón, las divagaciones filosóficas de una vendedora del mercado o la angustia existencial de un guardia de seguridad?

Gran parte de la respuesta está en las expresiones artísticas y culturales. En los relatos orales montubios y las pinturas de Tigua, en el hip hop de Ambato y la Bomba del Chota, en el Taita Carvaval y la Factory, en Chao Lola y Segundo Rosero, en Wilson Pico y en las Zuquillo, en Stornaiolo y en Sebastián Cordero…

Por eso la reflexión y la discusión sobre la Ley de Cultura va mucho más allá de la simple creación de un instituto o un museo, la distribución de fondos y el fomento a proyectos: se está definiendo la posibilidad de construir múltiples imágenes y de contar múltiples historias de nuestra realidad compleja y diversa.

El sector audiovisual tiene una importancia particular en este contexto y en el mundo contemporáneo. La industria del “entretenimiento” es la segunda economía de los Estados Unidos. No son solo estrellitas en la acera, escándalos sexuales y limusinas larguísimas. Es un gigantesco aparato de mundialización de una sola forma de ver las cosas, la construcción de una sola historia global. En esta película los mexicanos serán siempre vagos, migrantes e ilegales, los negros serán siempre violentos, cómicos o deportistas, los indios (como en Avatar) necesitan del marine gringo enamorado de una exuberante “nativa” para plegarse a su causa y “darles haciendo” las cosas.

Nosotros podemos escribir nuestras propias historias, pero para eso se necesita que el Estado entienda que desarrollar la industria audiovisual ecuatoriana no es complacer el capricho de unos cuantos sino una necesidad estratégica y eminentemente política de resistencia al imperio y a su historia única del mundo. Eso no se hace de la noche a la mañana y requiere muchos recursos. Genera riqueza, trabajo y aporta a las otras formas de expresión artística porque integra el trabajo de músicos, actores, artistas plásticos, escritores… pero más allá de eso, hace visible la diversidad cultural de nuestros pueblos.

martes, 20 de abril de 2010

La fiscalización en el limbo

Guillermo Bustos

Con un aire de respiro, algunos legisladores de Alianza País anuncian que el juicio político en contra del fiscal general Washington Pesántez, luego de la votación efectuada en la Comisión de Fiscalización de la Asamblea Nacional, pasó a un limbo jurídico. Según esta interpretación no habrá juicio ni archivo del caso. Esta situación se desprende aparentemente de una combinación sui géneris de factores: no se contó con el número suficiente de votos y no cabe la aplicación del voto dirimente por parte de Silvia Salgado, presidenta de dicha comisión.

La apelación a la tesis del limbo jurídico representa una de esas salidas convenientes en la que supuestamente nadie carga con la responsabilidad política directa de lo sucedido. Compitiendo con el tipo de malabarismo oportunista que caracterizaba a la vieja política, aquella que había sido presuntamente enterrada con el cambio de nombre de Congreso por Asamblea Nacional, la mayoría de los diputados de Alianza País envían la señal inequívoca de que si están abocados a escoger entre las responsabilidades que la carta fundamental establece para sus cargos y la obediencia a lo que Carondelet dispone, no queda duda de cuál es la lealtad que prevalece. Como se sabe, el Presidente de la República ha desestimado las pruebas que meticulosamente recogieron los cuatro asambleistas interpelantes -que mantienen todavía incólume la plataforma de lucha en favor de la ética- y, bajo el deleznable argumento de que el fiscal general es objeto de una persecución política, le brinda un tipo de respaldo hasta ahora incomprensible.

El juicio político al fiscal Pesántez se ha convertido, en lo que va del actual régimen, en el más importante test de medición de cuál es el nivel de la independencia de las funciones del Estado; y en el indicador más visible de la ausencia de voluntad política para fiscalizar e investigar, en este caso, a un alto funcionario. Las pruebas presentadas por los interpelantes componen una interpelación ética a la gestión del fiscal general, con serias presunciones sobre el incumplimiento de sus funciones. La intervención del fiscal en la comisión no solo rehuyó responder a las cuestiones de fondo sino que deslizó insinuaciones incriminatorias en contra de los interpelantes que no se compadecen con un aspecto esencial del cargo que ostenta.

Se llama limbo al borde de una cosa y según una acepción de la tradición cristiana, este nombre también designa el lugar donde moran las almas de quienes murieron sin recibir el sacramento del bautismo, o de aquellos que son detenidos en espera de que ocurra la salvación final. Si bien el limbo está asociado más a la esperanza de la redención, se dice que está emplazado en la periferia del infierno. Por más que el presidente Correa lance la invitación de que se olvide el juicio al fiscal Pesántez, bajo la promesa de que la revolución ciudadana está más allá de todo aquello que este espinoso caso sugiere, el hecho es que la mayoría de asambleistas de Alianza País ha puesto muy penosamente la credibilidad de su agenda ética en el limbo de su proyecto ideológico, muy próximo (o quizá ya confundido) con el infierno de las prácticas de la vieja política.