sábado, 29 de mayo de 2010

Los bueyes mansos

Mariana Neira

Por si no lo ha notado, le cuento lo que está sucediendo en este momento.

Por la resistencia indígena, el gobierno (llámese Asamblea o Ejecutivo) no pudo meterles la Ley de Aguas por la tranquera, como pretendía. Entonces, ha recurrido al viejo truco del engaño que puede tener dos efectos: éxito o fracaso. Lo más probable es lo segundo porque lo que ha conseguido el gobierno con su afán de concentrar el poder en un solo hombre, es unir a los indígenas como en los tiempos de los poderosos levantamientos nacionales de la naciente CONAIE. En junio se conmemora el vigésimo aniversario del primero que hizo temblar al país. Si el gobierno insiste en su política de engaño, podría celebrarse con la ira del “buey manso”. (Dicen que del buey manso hay que huir porque le puede matar a quien le provoca).

(djibnet.com)

Acabo de enterarme que luego de su fracaso, las altas esferas les invitaron a los representantes de los indígenas a “negociar”, pero les tienen de tumbo en tumbo. Les convocan a una reunión para tratar una agenda, allí cambian los temas y citan a otra. Así se pasan, saltando de agenda en agenda, y no resuelven nada. Es el típico juego de los mentirosos. Engañan con falsas ofertas para ganar el tiempo que necesitan para profundizar su estrategia de dividir a las comunidades. Es el objetivo medular del gobierno, no la negociación. Quiere debilitar al movimiento indígena, quebrar su resistencia para imponer su Ley.

Cuando notaron que los indígenas son fuertes, el gobierno cambió de ruta. Se dedicó a la Ley de Comunicación que nos quieren meter, no por la tranquera, sino por la puerta principal, con un Consejo de Comunicación integrado por representantes estatales directos y otros camuflados en entidades ‘ciudadanas’ mantenidas y manejadas por el Círculo de Carondelet. Siendo así, ¿de qué independencia hablan? Los periodistas estaríamos predestinados a que por cualquier investigación que toque un pelo del Círculo, nos cuelguen de los pulgares, como dije alguna vez.

Ellos intentarían aprobar su Ley convencidos de que los empresarios de la comunicación y los periodistas no son tan fuertes como los indígenas, son incapaces de hacer concentraciones, peor resistencia en las calles. Y están divididos. Pueden tener razón en muchas cosas. De enfrentar a los periodistas de los medios privados con los del Estado y dividir al gremio se ocupó maquiavélicamente este gobierno. (Felizmente, lo he visto en el tiempo, suele ser un impasse temporal). Pero no hay que jugar con el poder de las ideas. Se olvidan que con una marcha de los ‘periodistas de tropa’ que reclamaban por el maltrato a sus compañeros y la descarada corrupción, empezó la caída de Bucaram. Y si se revisa la historia se ve que los gobernantes se caen o se van por la fuerza de los medios que procesan en sus páginas, en sus micrófonos, las acciones de los mandatarios: son sanos o corruptos, son autoritarios o demócratas, son capaces o incapaces. Luego, el pueblo decide qué hacer con ellos. Sea como sea –por las buenas o por las malas- los gobiernos se acaban, el periodismo nunca.

viernes, 28 de mayo de 2010

Las percepciones de la (in)seguridad

Sebastián Endara

Hay quienes dicen que el aumento de los robos, de los asesinatos y en general, de la violencia con que los noticieros amarillistas –TC televisión a la cabeza, a pesar de ser un medio administrado temporalmente por el Estado-, hacen de las noches de los ecuatorianos un verdadero bricollage de muerte y amargura; es un problema de percepción. Los ‘técnicos’, denominan a este fenómeno como un ‘problema de inseguridad’ que puede ser tratado, entre otras cosas con el aumento efectivo de recursos, de agentes del orden, de infraestructura, de armas, de vehículos, de armas entre otros instrumentos, y mediante la implementación cierta educación ciudadana, y el robustecimiento de las políticas de seguridad y de control de la delincuencia, como si un sector de los ciudadanos ecuatorianos o extranjeros fueran, per se, irremediablemente malhechores.

Los más lúcidos afirman que el tratamiento de la delincuencia no es solo un problema de la policía sino un problema mucho más amplio que inicia en conocer las verdaderas causas de producción del delito. Sin embargo, parece que esta es la pregunta del millón, quizá porque la simpleza y honestidad de su respuesta es tan incómoda que haría tambalear al propio sistema: La pobreza. Ahora, si la inseguridad es un problema de percepción, ¿qué podríamos decir de la pobreza? Una definición normalmente aceptada –a pesar de la infinidad de divergencias, muchas de ellas teóricas, por cierto-, sería aquella que afirma que la pobreza es una situación social y económica caracterizada por una carencia en la satisfacción de las necesidades básicas. Más allá de las cifras macroeconómicas que de alguna manera falsean la situación vital de los miembros de la sociedad, donde se afirma que la sociedad crece, que el empleo aumenta, que el aparato productivo se reactiva, vemos -por lo menos a través de los medios-, cómo cada día se multiplican hechos de delincuencia, sangre y crimen por doquier, y esto, claro, nos lleva a preguntarnos, ¿si nuestra sociedad está tan bien, por qué suceden, casi todo el tiempo, este tipo de atrocidades? Y ¿será casual que la mayoría de casos de violencia y de ‘inseguridad’ se registren en los barrios urbanos marginales, es decir pobres, de las grandes urbes del país?

Es claro, hasta para el más ingenuo, que el problema de la delincuencia, de la violencia y de la inseguridad es efecto de la pobreza y de la inequidad que subyace lacerante en nuestra sociedad, y ello no se resuelve solo aumentando policías o eliminando la fabricación de armas nacionales. Eso se resuelve, fundamentalmente, repensando el sistema económico actual que mantiene a unos pocos usufructuando de los inmensos excedentes que se les niega a la mayoría y lo más grave, que mantiene a nuestra sociedad en una suerte de subdesarrollo crónico (de sociedad insegura), donde solo las elites y los estratos sociales a ellas ligados, tienen la posibilidad efectiva de hacer realidad los derechos que supuestamente corresponden a todos.

jueves, 27 de mayo de 2010

Mil novecientos noventa

Juan Martín Cueva

Era un año como cualquier otro, una marca puesta arbitrariamente por el hombre occidental a una de las vueltas dadas por la tierra alrededor del sol. Ese año, la Organización Mundial de la Salud eliminó a la homosexualidad de su lista de enfermedades psiquiátricas, el general Noriega se rindió ante las fuerzas gringas, por primera vez (en Virginia) los Estados Unidos tuvieron un gobernador negro. La URSS se desmembraba y en Berlín se derribaba el Muro. Walesa se convirtió en el presidente polaco y Mandela fue liberado de prisión.

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Fines de mayo de 1990, hace exactamente 20 años: primer “levantamiento indígena nacional” en estas tierras del Señor. Desde entonces, la CONAIE es parte fundamental del paisaje político y social de este país. Las preocupaciones de las organizaciones indígenas pasaron de la propiedad de la tierra a la construcción de un proyecto que concierne a toda la población ecuatoriana… Se unieron amazónicos y serranos, se pensaron los montuvios, se visibilizaron los afro descendientes. Salimos del imaginario de Icaza y Guayasamín para entrar al de Manuel Cholango y Delfín Quishpe. Se pudo ser indio metalero, negro hiphopero, montuvio gay.

(internationalist.org)

Era el Gobierno del socialdemócrata Rodrigo Borja, el fin de la Nicaragua Sandinista y de las dictaduras del Cono Sur, era Bush papá, Sendero Luminoso y los fantasmas pavorosos que esa expresión extrema del campesinado andino creaba en la cabeza de los hacendados ecuatorianos.

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Octavio Paz ganó el Nobel de Literatura. En Colombia asesinaron a renglón seguido a Bernardo Jaramillo y a su sucesor como candidato a la presidencia por la Unión Patriótica, Carlos Pizarro Leongomez. Tres actrices emblemáticas fallecieron ese año: Paulette Godard, Greta Garbo y Ava Gardner. Un descendiente de japoneses ganó las elecciones en Perú y Lituania se independizó de la URSS (veinte años más tarde un descendiente de lituanos será presidente de Colombia).

En Quito, a fines de mayo del 90 un grupo de indígenas, acompañado de decenas de activistas y militantes mestizos de varias organizaciones de izquierda, se tomaron la Iglesia de Santo Domingo, en Quito. Fue el inicio simbólico del levantamiento (nunca hay un inicio de los procesos sociales que se pueda señalar como el pitazo inicial del árbitro de un partido de fútbol: jueguen muchachos) y las semanas que siguieron las cosas se complicaron, se agudizaron, se generalizaron en el territorio tomas de haciendas, cortes de carreteras, manifestaciones, pronunciamientos, ilusiones y miedos… el Ecuador urbano y mestizo tuvo que mirar hacia atrás y hacia dentro y reconocer que no era como creía ser. Fue un espejo el que le tendieron los indígenas a la sociedad ecuatoriana.

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Veinte años más tarde, henos aquí ante el problema jodido de la justicia indígena. Ante la necesidad de que la famosa plurinacionalidad sea más que una palabra filática. Ante una ley de aguas y un limbo. Ante una interculturalidad que no sabemos con qué se come. Ante los recelos de los indígenas frente a un gobierno que, como el de hace veinte años, se suponía que debía tener sensibilidad más despierta frente a sus procesos. Ante los prejuicios y la estrechez de vistas de una izquierda libre i soberana que cree que inventó toda esta agua tibia.


miércoles, 26 de mayo de 2010

Hacerse visible

Lucrecia Maldonado

Cuando me invitaron a Facebook acepté en seguida. Me llamó la atención porque lo hacía una persona poco afecta a la tecnología. Antes ya me habían llegado invitaciones a Netlog, Hi5 y de tales.

Al registrarme tuve cuidado de no poner datos personales como direcciones, teléfonos… cuando mucho un correo electrónico. Tampoco puse fotos familiares, sobre todo de mis hijos (no sé para qué, pues ellos ahora tienen sus páginas de Facebook repletas de fotos que yo nunca habría puesto en ninguna parte, ni siquiera en un álbum secreto).

Sin embargo, me ganó el deseo de poner datos sobre mi estado anímico. En poco tiempo, advertí que esos datos que antes formaban parte de mi particular imaginario, de mis sueños, de mis secretos dolores de alcoba, se iban ventilando no solo ante mis conocidos, gente a quien consideraba amiga, sino también ante un poco de conocidos de mis conocidos, amigos de mis amigos, enemigos que habían sido amigos de algún amigo y ve tú a saber quién más por ahí. ¿Y de quién era la culpa? Mía, pues, de quién más.

(http://sagradaanarquia.files.wordpress.com)

A veces, un poco horrorizada, veo cómo las personas van consignando datos sin el menor pudor. Colocan en el indicador de estado su nuevo número de celular. Exhiben sin ninguna prevención fotos de sus bebés, de sus hijas e hijos menores de diez años. Las amigas y los amigos (y hay que ver cómo ha cambiado la definición de amiga y amigo) comentan, alaban, dicen qué lindo tu guagua. En la página de la mamá, la dirección del domicilio está muy detallada: calle, número, intersección, ciudad y país. No quisiera expandir ninguna paranoia, pero… ¿y si por algún motivo, alguien usa esos datos y esas fotos para realizar algo, por decir lo menos… ilícito?

Ahora que cobro conciencia de la magnitud del alcance de la red social, llámese Facebook o pepito.net, me doy cuenta de que con frecuencia formar parte de ella es casi casi lo mismo que vivir en una casa de cristal. No hay paredes. No hay habitación con llave. Ni siquiera hay baño privado. La gente sabe cuándo te duele el estómago, cuándo tu bebé echa su primer diente, cuándo estás pensando divorciarte pero todavía no. Perfectos extraños te felicitan por algún premio y te dan el pésame cuando se muere tu canario. Gente a quien nunca has visto de frente y con quien no has conversado por más de dos minutos por teléfono te insulta porque no te gusta Joaquín Sabina y te manda una frase del borracho sabio para iluminar tu día.

Estoy consciente de la utilidad de las redes sociales. No sé si sean, como dicen, instrumentos del Imperio para controlar a la población mundial, o para averiguar en qué andamos; pero si fuera esto último lo único que se demostraría es la ineptitud del Imperio para focalizar sus investigaciones. Me doy cuenta de que si se usan bien pueden ser útiles instrumentos de promoción y difusión de eventos o de apoyo a causas sociales y humanas. Pero también pueden convertirse en instrumentos de odio, acoso u hostigamiento, y lo hemos visto en varias ocasiones. Aunque se ponga la opción de ‘denunciar’, no siempre resulta efectivo hacerlo, y nada puede impedir que una página denunciada se cierre solo para que a los pocos minutos se abra otra muy parecida y con la misma intención.

Hubo un tiempo en que la vida privada de la gente era eso: privada. Hoy por hoy, por novelería, fatuidad o simple moda, poco a poco vamos renunciando a esa parte de la existencia que, como un regalo precioso, guardábamos para nosotros y ‘los nuestros’.

¿O será que ‘los nuestros’ ya son todos?

viernes, 21 de mayo de 2010

Andar la ciudad

Amelia Rivadeneira

Debemos recuperar nuestra ciudad. A fuerza de andarla, de “anchar” las calles para que de largo y ancho vuelvan a nuestros pies. Que se llene de nuestros pasos, de ese caminar rápido al trabajo en un día de sol intenso que nos hace buscar las sombras de los edificios. Caminarla a pesar del frío, en esas cuestas interminables que nos ponen cerquita del cielo.

Tenemos que recuperar Quito, esta ciudad que sabe de victorias, que ha gritado desde niña, que hoy es irreverente y se ríe de sí misma. Esta ciudad de Manuela, de la amable loca que luchó en este viejo páramo a fuerza de sueños, de empeño, de pasión por la libertad.

Y miren como nos sorprende este presente, atrincherados por nuestros miedos, vencidos por la impotencia, asfixiados por este mal aire que empaña el cielo de Quito desde hace años. El miedo ha tomado el control de nuestras vidas: a cada cuadra, en cada esquina, a la vuelta de la casa, en la casa… no hay lugar seguro para nuestra alma. Nos encerramos, los muros se levantan y el otro se aleja, lo humano se pierde. La sospecha crece, cualquiera es el enemigo, cualquiera es el asesino que merodea con el puñal escondido en la manga o la pistola en la cintura. La ciudad queda abandonada, vacía de nuestras risas, de nuestro canto, de nuestros pasos, de nuestros hijos, de nosotros mismos.

Tenemos que regresar, volver a lo público, a las plazas, a los parques, a las calles. Tenemos que reconocernos, saber quien es el otro, apretar su mano, recordar su rostro. Debemos hacerlo ya o la delincuencia tomará el control total de la ciudad, se posará sobre nuestro miedo y desde allí gobernará. Nos pensará débiles, nos verá divididos, nos tendrá encerrados entre nuestras cuatro paredes.

El miedo nos desactiva, nos paraliza y también nos violenta. O lo que es peor, nos vuelve locos, paranoicos, agresivos. Nuestra aspiración de justicia se transforma en deseo de venganza: la justicia se ejerce a puñetes y patadas, el resarcimiento se concreta con fuego, incendiando los cuerpos de los pobres diablos que cruzaron el umbral de nuestras puertas.

¿Quién está ocupando nuestro lugar? La ciudad se habita por hordas de enloquecidos que quieren justicia por mano propia. Eso no es justicia. Presos de nuestra ira, nos convertimos en delincuentes, asesinos de asesinos. Todo empeora.

Mientras tanto, ellos haciendo negocio con nuestro miedo: guardias privados, muros más altos, puertas electrónicas, cámaras de vigilancia… Que la prensa repita una y otra vez el robo. Que transmita una y otra vez el asalto en la joyería. Que entreviste a los expertos antidelincuencia. Que publique los índices de inseguridad… El negocio mejora y nosotros seguimos presos de nuestros miedos.

Es falso que estemos perdidos, es falso que nos han derrotado, es falso que es demasiado tarde. Nosotros somos más, somos libres, somos solidarios, somos sensibles. La ciudad nos convoca, nuestros hermanos nos llaman a gritos. No más oídos sordos, no más palabras necias. Debemos enfrentar el miedo y recuperar el barrio, la plaza, el parque, recuperarnos a nosotros mismos, recuperar nuestra humanidad. Los derrotados deben ser lo otros.

jueves, 20 de mayo de 2010

La transparencia discursiva del régimen

Wladimir Sierra Freire

Todo indica que el presidente Correa extravió la brújula. Quizá nunca la tuvo. Empero, no podemos dejar de reconocer que “su proyecto”, en un inicio, presagiaba buenas nuevas. Y no tanto porque él y “su gente” hayan tenido clara la ruta, sino porque en él -el discurso- se entretejía aspiraciones emancipatorias legítimas, aspiraciones que surgían como acumulado de las turbulentas luchas sociales acaecidas en las tres décadas de democracia. No hay que perder de vista que todo el discurso de la racionalización del Estado y la política, así como el de los excesos causados por las prácticas laborales de corte neoliberal y, por supuesto, las exigencias por fundar un Estado plurinacional, no pertenecen a Alianza PAIS y menos aún a Correa, sino a la concreción discursiva de la dinámica social, concreción de la cual el presidente fue un hábil ventrílocuo.

Sin embargo, cuando esa discursividad bastante radical -piénsese a guisa de ejemplo en los derechos de la naturaleza- tiene que tomar cuerpo en las prácticas políticas y legislativas, el discurso empieza a opacarse y enturbiarse. Su opacidad está determinada por los intereses y las convicciones a los que se pertenecen los actores en la real Politik. Aceptémoslo, de una vez y para siempre, Correa y “su gente” no provienen ni material -tampoco ideológicamente- de las organizaciones sociales, no nacieron de una militancia política comprometida, mal podríamos esperar de ellos otra cosa que esa suerte de infeliz matrimonio entre reformas liberales y populismo prebendatario.

(criticadigital.com)

Todo esto lo podemos percibir en los giros que está experimentando el discurso enunciado desde el poder. Por un lado, y de esto hay que curarse en sano, se nos quiere convencer –no con poca efectividad- de que en las acciones del gobierno se puede palpar las dimensiones del “verdadero socialismo” al que nos están encaminando. No se trata de desconocer los aciertos que en muchos ámbitos ha tenido este gobierno, pero ¿no es acaso esa la función de cualquier gobierno? Qué éste sea el régimen que más ha hecho por los pueblos indígenas -según el tenor de sus voceros y simpatizantes- no anuncia un hecho extraordinario, sino aquello que los políticos en la dirección de un Estado lo deben hacer por deber constitucional; aceptado, por cierto, que la proclama sea cierta. Es tan desconcertante como si los padres se jactasen por la educación y los cuidados que prodigan a sus hijos (¿?) Y que esto sirviese a su vez para condicionar el comportamiento de los niños so pena de castigarlos. Simplemente inaceptable.

Por otro lado, cada vez con mayor frecuencia y en tono más altanero, los funcionarios del ejecutivo y también los del legislativo acentúan posturas displicentes para descalificar cualquier reclamo lanzado por los movimientos sociales. Posturas que no invitan a ningún tipo de acercamiento, sino que, según parece, buscan inducir la resistencia y el odio de “la ciudadanía” contra esos movimientos. Sin embargo, cada vez es más claro que lo único que están logrando es transparentar, en sus discursos, su verdadera postura ideológico-política, postura que, por supuesto, no coincide con la de los movimientos sociales.

La política del régimen está alcanzando finalmente su transparencia discursiva.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Xenofobia (¿paranoia?) selectiva

Lucrecia Maldonado

Me llegan correos electrónicos donde con frecuencia se critica la presencia de ciudadanos cubanos en Quito y el Ecuador. También se tiende a relacionar esta presencia con el actual gobierno.

Por el tono de todos estos comentarios, chistes, correos y demás, parecería que al andar por Quito se levanta una piedra y aparece un cubano. Y, la verdad, al menos en mi caso particular, el único cubano que me encontré fue un muchacho que vendía celulares en una isla de un centro comercial de Quito.

Una cosa que siempre se ha promocionado es la supuesta hospitalidad ecuatoriana. Esa manera, a veces exasperante, de acoger al extranjero como en casa propia, incluso por encima de los propios derechos de los legítimos dueños de la casa. Esa cualidad, propia de niños bien educados, en la cual supuestamente el huésped, el invitado, la visita tiene preeminencia sobre el a qué jugamos, con qué comemos y qué parte de la casa ocupamos.

Sin embargo, me atrevería a poner en tela de juicio la dorada leyenda, tan trillada, de la hospitalidad del ecuatoriano. Y más: ninguna hospitalidad, sino una especie de xenofobia selectiva de acuerdo a las circunstancias. Aquí los únicos extranjeros que pueden dar fe de un buen trato son los que tienen cabello rubio y ojos azules.

(crucesinbarreras.blogspot.com)

Recuerdo mi infancia, mis estudios en la escuela de monjitas y el colegio de ídem donde, sin embargo, la caridad cristiana no era suficiente para que, en alusión bíblica, las mismas religiosas llamaran al Perú ‘el Caín de América’. En aquella época, aquí en Quito, poca gente del Perú venía o se establecía. Supongo que era diferente en las ciudades del Sur del Ecuador.

También recuerdo mis horas, un poco derrotistas, de asistencia a la materia llamada “Historia de límites”, en la cual aprendí una sola cosa que no me costó nada desaprender: nosotros éramos los buenos y los peruanos eran los malos. De eso se trataba. Y supongo que en el Perú se aprendía lo contrario. Facilito.

El ser humano teme a lo diferente, y es propenso al prejuicio per se. Durante toda mi vida aprendí, por ejemplo, que si había algún acto delictivo, lo más probable resultaba que el hechor fuera colombiano. Debo confesar, con un poco de vergüenza, que hasta llegué a creérmelo… pero eso es algo de cuando creía en los medios de comunicación masiva y comercial, época de ingenuidad vergonzosa que todo el mundo ha tenido alguna vez en la vida.

Este país ha tenido algunos episodios de inmigración más o menos ‘masiva’: italianos, españoles después de la Guerra Civil (los menos); argentinos, chilenos y uruguayos en los tiempos del auge de las dictaduras del Plan Cóndor. Existen muchos extranjeros que viven aquí años, sin causar destrozo y sin que tengamos que odiarlos por el solo hecho de serlo.

Sin embargo, ahora, veladamente se da una campaña ‘anti cubana’ que, como siempre, juega con la exageración y la manipulación de los hechos concretos así como con el miedo de las personas. Ahora, de chiste a chiste, se pretende vendernos la idea de que nos invaden los cubanos y de que hay un enorme ‘peligro comunista’ por este motivo. Incluso comenzó a circular un correo electrónico que acusaba a gente cubana de realizar secuestros exprés en centros comerciales.

Como siempre, en esto, más allá de los intríngulis de la naturaleza humana, lo que prima son los intereses de unos pocos, que se amparan en el miedo y la ingenuidad de muchos.

martes, 18 de mayo de 2010

Agua: Pobre madre de vida

Sebastián Endara

Si uno pone atención a la fonética de la palabra ‘agua’, encontrará esa resonancia acuosa en la profundidad de la memoria gutural de nuestros nostálgicos inicios: a-g-u-a/y-a-k-u, elemento fantástico, materia llamativa a la sensibilidad. Uno no deja de sorprenderse ante la increíble atracción que ejerce en nuestros niños, muchos aprenden a decir ‘agua’ antes que a decir mamá, ‘agua’ pronuncian con inocencia, aferrándose a ese don lúdico de la naturaleza, fundamento de la vida. En términos menos románticos, el tratamiento racional del agua es la condición necesaria de cualquier avance civilizatorio, de hecho, la forma del relacionamiento del ser humano con el agua, configura el fondo de su particularidad cultural, y podríamos, desde luego, medir el grado de desarrollo de un pueblo por la forma en cómo éste trata el agua.

elagua09.files.wordpress.com

Si tal parámetro fuese acogido con rigurosidad, ya habríamos decretado hace mucho, la vigencia global de la barbarie. Solo un caso ejemplificador: desde el 22 de abril de este año, al menos 160 mil litros de petróleo crudo emergen ‘todos los días’ en el Golfo de México, el cual sigue sin ser contenido, amenazando no solo la vida marítima sino incluso el equilibrio ambiental de una vasta región del planeta. Los, para muchos, ‘daños inimaginables’ que esta catástrofe puede ocasionar son en gran parte producidos por una suerte de irresponsabilidad transnacional que, sin embargo, actúa eficientemente para la búsqueda de concesiones y lugares para la explotación de materias primas, pero que deja tanto que decir cuando ocurren este tipo de ‘contingencias’ que dañan los ecosistemas.

Y es que la diferencia más notable en la administración, uso y cuidado de los ‘recursos’ naturales y en especial del agua, es precisamente la forma de entenderlos y apreciarlos. En la cosmovisión andina nadie le dirá que el agua es H2O, o que es un medio de producción, o un recurso para explotarlo lucrativamente. Es decidor que en la cultura andina, la chakra comparta la ‘salud del paisaje’, haciendo prácticamente imposible la existencia de un espacio saludable dentro de un entorno enfermo o viceversa, y es interesante que nos planteemos la metáfora del horizonte como contenedor del propio límite, es decir, que solo somos capaces de crecer, avanzar o vivir de acuerdo a nuestro entorno y hasta donde la perspectiva del mismo nos lo permita. Afortunadamente en nuestros pueblos, a pesar de la violencia colonial, todavía subyace imperecedera esa memoria sensible, esas estructuras culturales que nos acercaban tan fraternalmente a la naturaleza. Es hora de decidir cual es verdaderamente nuestro horizonte y nuestro límite, cual es la matriz cultural a la que respondemos y en la que hallamos nuestra identidad y nuestra razón de ser.

viernes, 14 de mayo de 2010

Una gran victoria

Alejandro Moreano

Dicen que la derrota tiene un solo padre y la victoria muchos. En las escenas inmediatas a la derrota de la moción de Fernando Cordero se pudo ver el alborozo y los gritos estridentes de asambleístas de la oposición de derecha.

Pero, nadie se llame a engaño. El conflicto en torno a la Ley del agua tuvo dos contendientes claros: el gobierno y los pueblos indios. La euforia de los manifestantes del Parque del Arbolito y sus dirigentes era la reacción natural a la victoria conseguida por los pueblos indios luego de la tenaz lucha de los últimos días que expresaba semanas y meses de resistencia. No ha sido dable contemplar las reacciones del otro contendiente en la soledad de Palacio: caras largas, ceño fruncido, quizá alguna lágrima por aquello de que los Presidentes también lloran.

En una entrevista reciente a TV Sur, Rafael Correa estuvo preciso. Desestimó a la oposición de derecha, de la cual dijo que está derrotada, sin perspectiva alguna más allá de un “alcalde cantonal”. Y señaló que los peligros para su “proyecto” partían de sus “contradicciones internas”, a las que describió como el etnicismo, el ecologismo y el izquierdismo infantiles.

Lo de “contradicciones internas” era y es una falacia destinada a los oídos de sus interlocutores venezolanos y bolivianos. Los pueblos indios, los trabajadores, los ecologistas nunca formaron parte del “proyecto” de Alianza País: fueron siempre adversarios que progresivamente devinieron en enemigos. Hoy, los enemigos centrales.


Durante la Asamblea Constituyente y la expedición de la Ley Minera se dieron las primeras batallas en
torno al carácter del Estado Multinacional, la minería, el consentimiento previo, los derechos de los trabajadores, en particular el de la huelga solidaria y de los servicios públicos. Sin embargo, fueron contiendas en la fase de ascenso del Correa y en la que la oposición de derecha tenía importancia y condicionaba el desarrollo de los acontecimientos que tendía a ser favorables al Presidente.


Hoy nos encontramos frente a una situación distinta: el enfrentamiento del Gobierno con la derecha ha disminuido de intensidad e importancia y la fase de reformas desarrollistas ha concluido y se inicia una nueva era económica y política.

(http://4.bp.blogspot.com)

Los avatares de las nuevas relaciones del Gobierno con la derecha son conocidos: se aliaron para apoyar a Pesantez y para el primer Informe de la Ley de Aguas; se distanciaron en la votación por la llamada consulta prelegistatva. Son intentos desesperados de la derecha por ganar cierto espacio de maniobra, pero, como afirma Correa, no tienen futuro.

La segunda característica de la situación actual es la fundamental. El Gobierno ha agotado su fase reformista y se encuentra enfrentado a la definición de un proyecto general de economía y de poder. Se ha inclinado por una economía fundada en el petróleo y la minería para el mercado mundial, en relación con viejas y nuevas corporaciones trasnacionales, por un Estado dependiente y por una política clientelar. Es ese proyecto el que abre el enfrentamiento con los pueblos indios, trabajadores, ecologistas … Está en juego el Ecuador del futuro en el marco de la presencia y eventual integración de América Latina y del Sur, y de la reorganización de la economía y del poder mundiales.

La batalla por la Ley de aguas es la primera de esta nueva fase. Y la victoria inicial de los pueblos indios es una victoria histórica.

miércoles, 12 de mayo de 2010

EDOC: como no lo vio en TV


Santiago Rosero


Sea por la eficiente promoción de las industrias culturales o porque la misma gestión autónoma ha logrado poner a salivar las apetencias de consumo, las evidencias en los mercados muestran que los productos literarios y cinematográficos de ficción disfrutan en la actualidad de la salud necesaria para sostenerse comercialmente atractivos y discursivamente ingerentes. Qué mejor si la oferta alcanza a cubrir todas las expectativas y a abarcar todos los nichos. Así, la escogencia podrá mantener su base en la discriminación informada.

Hace algún tiempo deseché la preocupación sobre la hipotética extinción de la especie de individuos destinados a aportarle a la vida las dosis de ficción indispensables para distender el pragmatismo. Las mentes capaces de plantearle artilugios a la existencia seguirán reproduciéndose o saliendo de sus sombras en una proyección que ni los siglos por venir ni las revoluciones por ensayarse serán capaces de emblandecer. Y si alguna decaída hubiera, seguros podemos estar de que el mismo sistema los pondría a trabajar de nuevo. Ya hacia la derecha o hacia la izquierda. Ya hacia ninguna parte.

No obstante, sea porque la eficiente gestión de las industrias culturales hegemónicas obnubila la mirada o porque la acción autónoma no alcanza para sacarla de las sombras, cosa distinta ocurre con la producción que se atreve con lo que se entiende como mundo real. La sensación y las mismas constataciones dejan ver que mientras el periodismo corporativo más se alinea con las directrices de los intereses empresariales, menos queda de lo que ingenuamente alguna vez se consideró un poder independiente que, del lado ciudadano, sirviera como contrapeso del autoritarismo y la corrupción. Y sobre esto, creo, sí hay que preocuparse.


To Shoot an Elephant (Matar a un elefante), Alberto Arce y Mohammad Rujailah, España, 2009, 112' (http://www.festivaledoc.org)


Si entendemos que los objetos y las situaciones de la “realidad” jamás son aprehendidos como puros, pues siempre resultan interpretados por los filtros, por decirlo de alguna forma, que constituyen nuestro lenguaje y los agentes, instituciones, productos y discursos encargados de generar y difundir información, hemos de comprender y aceptar también que lo que circula traducido en formatos periodísticos se construye cada vez con mayor apego a la parcialización de la avidez massmediática.

Por esto, la existencia de un espacio que dispute con los que procesan y potencian relatos monológicos significará siempre una orilla para otro anclaje, y eso es, precisamente, lo que el festival anual EDOC significa mientras dura, y lo que la videoteca de Cinememoria representa desde que empezó a consolidarse como el importante archivo de contenidos documentales que es.

Para distanciarnos de las lógicas que enarbolan los medios tradicionales y los blockbuster necesariamente tendremos que reforzar una suerte de economía alterna de conocimiento que, a manera de moneda de intercambio, ponga a circular más las piezas documentales y menos las verdades truchas de los canales lindos y el periodismo independiente. Hablo de aproximaciones divergentes de las estandarizadas al servicio del capital, las necesarias para encarar, interpretar y procesar en signos los fenómenos y acontecimientos que dilatan el día a día de la “realidad real”; para tejer en textos las marañas de signos que de ellos se desprenden; para plasmar en audiovisual los torrentes de textos que están disponibles para armar. No me refiero, por ahora, a los temas abordados y a lo novedoso de los tratamientos que se les pueda dar para que no parezcan agotados. Hago mención aquí de una postura política indispensable para poner en sospecha la construcción social de una realidad informativa monocorde. Y en esta apuesta, los EDOC juegan ya un rol trascendental.

lunes, 10 de mayo de 2010

MAMÁ

Lucrecia Maldonado

Mi vida no fue una larga luna de miel con mi madre. A veces, cuando alguien me comentaba la complicidad que compartían con sus ‘mamis’, sentía envidia. Mi madre era parca conmigo, y con frecuencia tenía la impresión de que había que darle muchos motivos de orgullo y satisfacción para poder ‘ganarme’ su cariño.

Mi madre siempre fue activa y perfeccionista. Como trabajadora social del hospital Carlos Andrade Marín supo ganarse no solo el respeto, sino también el cariño de quienes recibieron su apoyo y compartieron con ella la jornada laboral.

Más allá de los momentos de tensión en las relaciones, de mi madre aprendí tres importantísimas actitudes: la generosidad, pues en mi casa nunca se negó un plato de comida a nadie, por ‘paraca’ que fuera, ni un lugar donde quedarse por las noches si era necesario; la equidad, pues en mi casa todos éramos iguales: el plomero que estaba arreglando una cañería se sentaba a la mesa con nosotros, compartíamos la vajilla diaria y todo con la empleada de la casa y su familia; y ya hacia el inicio de mi adultez, mi madre también comenzó a dar muestras de cierta humildad que la ayudaba a reconocer cuándo la había traicionado su mal carácter o se le había pasado la mano en alguna crítica, y a disculparse por ello.

Sin embargo, nunca la sentí cercana a mi corazón. Supongo que más allá del natural amor entre una madre y su primogénita, y al igual que casi todas las madres de la tierra, mi mamá se había hecho sobre mí esas expectativas que ningún hijo, ninguna hija tiene por qué cumplir.


A poco de su jubilación, cerca de mi divorcio, mi madre comenzó a perder sus referentes: olvidaba objetos, ignoraba fechas, no sabía para qué había ido a una habitación ni adónde íbamos en el auto. Lo que parecían olvidos cotidianos, incoherencias comunes, se comenzaron a intensificar hasta convertirse en la dolorosa y absurda sombra de la demencia. El día en que dejó de reconocerme, no pude evitar llorar mi orfandad delante de mis hijos. Luego, en un extraño duelo ‘de cuerpo presente’, nos fuimos acostumbrando a atenderla y a cuidar de ella.


Hace poco tiempo, una grave crisis sacudió mi familia de tres. Tuvimos que tomar decisiones durísimas. En el día tal vez más atroz del proceso, mis padres vinieron a visitarme. Hace años mi mamá ya no sabía quién era yo, dudo que incluso supiera quién era ella. Y sin embargo, al entrar a mi casa lo primero que hizo fue darme un estrechísimo abrazo y decirme que me quería mucho, que yo era una mujer preciosa y que tenía un gran corazón. Durante todo el tiempo que duró la visita, no se apartó de mi lado: me sostenía del brazo, se apoyaba en mí, me acariciaba la mano y repetía sus palabras de consuelo y de alabanza a cada momento.



Ese día, en medio de la incertidumbre y la angustia de yo misma no haber sido una buena madre, supe por fin que durante toda mi vida había tenido mamá. Comprendí que bajo las innumerables capas de orgullo y rigidez que a veces acumulamos para defendernos de la fragilidad y el miedo, en el corazón de mi mamá siempre había existido un inmenso cariño guardado para el momento en que yo lo necesitara. Pude sentir el lazo que me ataba, que me atará a ella eternamente, y saber que por más que su mente e incluso su cuerpo ya no estuvieran a nuestro lado, yo siempre había tenido y tendría una mamá tal como la necesitaba. Y pude también dar gracias por el precioso tesoro del amor que había guardado para mí en el lugar más recóndito de su alma.

Papás, taitas, mother fuckers

Juan Martín Cueva

Esta semana se inaugura el festival de cine documental con “Pecados de mi padre”, de Nicolás Entel, película sobre el hijo de Pablo Escobar, que tuvo que irse de Colombia y establecerse con una identidad falsa en Argentina. Ser hijo de Escobar no debe ser un fardo ligero de llevar por la vida. Ser hijo de cualquier padre es una carga a veces pesada. La sombra, la ausencia, la búsqueda, el encuentro con, el conocer a, el seguir o contradecir al padre es uno de los temas recurrentes en la literatura y el cine. De Pedro Páramo a Conversación en la Catedral, de Principio y fin, de Ripstein, a Lavoura Arcaica, de Luiz Fernando Carvalho, de Mi viejo, de Piero, a La invención de la soledad, de Paul Auster, y hasta Hamlet, de Shakespeare, y Edipo (sí, Edipo, el hijo de su madre), incontables narraciones tienen como punto de partida y cuerda de tensión el tema del padre.


La presencia (omnipresencia a veces) de una figura paterna “importante” marca nuestro carácter, nuestra psiquis y nuestra manera de ver el mundo. Hay casos harto conocidos en la política ecuatoriana (Martha y Santiago Roldós, su primo Dalo Bucaram, Cecilia Calderón, Lenin Hurtado, César Rodríguez y el propio presidente Correa: todos podrían poner a una obra suya el título “Pecados de mi padre”). La figura paterna en nuestras sociedades surgidas de una situación colonial es un tema complejo.

Una amiga siempre endosa mi supuesto “indigenismo” a una especie de culpa que sentimos los blanco mestizos al cargar con la memoria de lo que nuestros “antepasados” les hicieron a los aborígenes durante siglos. Hasta donde me alcanza el entendimiento, los mestizos ecuatorianos no venimos solamente de nuestros antepasados españoles, sino también del lado de los (y en su gran mayoría las) indígenas que tuvieron hijos con esos peninsulares.

Un día escuché el diálogo entre un filósofo post moderno y unos raperos norteamericanos, y me sorprendió lo que ellos dijeron acerca del vocabulario que utilizan mucho: cuántos mother fucker, cuántos bastard. Recordaban que una buena parte de los mulatos americanos del presente son producto de las violaciones (éstas se disfrazaban en nuestras latitudes en los “derechos de pernada” de las haciendas andinas) de mujeres negras por hombres blancos. Ahí, el hombre blanco no es la figura de un padre cercano, de un papá, sino el tipo que inseminó a la madre y se fue.

Yo no siento concientemente culpa alguna: lo que hayan hecho lejanos e inciertos antepasados de algunos de nosotros no tiene porqué ponernos en la posición de quien debe escarmentar los pecados de otro. Pero digo concientemente, porque el interior retorcido de nuestras mentes está hecho de una materia que no conocemos muy bien. Por eso muchos de nuestros juicios en realidad son prejuicios, y expresan posiciones que no necesariamente hemos construido en la conciencia ni asumimos como nuestras.

Acaba de pasar el día de la madre, pero en estos días me he puesto a pensar en el padre. Por la inauguración de los EDOC, por los indios en el Arbolito, porque el asesinato de Jaime Hurtado y la muerte de Jaime Roldós siguen inexplicados, porque el mío decidió irse hace cinco meses y porque en doce semanas voy a ser nuevamente papá. Casi todos tenemos cosas que reprochar al padre, y es mejor hacerlo mientras aun está aquí, de otro modo uno se queda sin saber a quién dirige sus palabras y sus silencios.

viernes, 7 de mayo de 2010

El decreto 982


Pablo Ospina Peralta

En abril de este año, Acción Ecológica presentó ante la Corte Constitucional la demanda de inconstitucionalidad de los Decretos Ejecutivos 982 y 1389 de 2008, que reformaban el Decreto 3054 del año 2002. Todos estos decretos refieren al mecanismo de “aprobación, control y extinción” de personas jurídicas de derecho privado con finalidad social y sin fines de lucro. Es decir, estamos hablando del cuerpo legal que regula el funcionamiento y la tutela estatal sobre las organizaciones populares como a las fundaciones.

(ecodiario.eleconomista.es)

La argumentación de Acción Ecológica es contundente. Por mi parte, aporto apenas un par de reflexiones adicionales a su detallada argumentación. En realidad, pocas cosas hay más ignominiosas para un gobierno que se pretende de izquierda que refrendar los principios e instrumentos inventados en esos decretos.

La práctica de la revolución ciudadana, a contravía de la declaración de varios de sus ideólogos, que insisten en la necesidad de “independizar” a las organizaciones sociales y civiles de la tutela del Estado y de fomentar la participación libre e independiente de la sociedad civil en las políticas públicas; ha actualizado y reforzado (en lugar de derogar) el reglamento de 2002 que regula la aprobación y la disolución de las organizaciones previstas en el código civil. En marzo de 2008 introdujo el “literal b)” en el artículo 13 como causal de disolución:

    Son causales de disolución de las organizaciones constituidas bajo este régimen, a más de las establecidas en el Estatuto Social, las siguientes:

  1. Incumplir o desviar los fines para los cuales fue constituida la organización
  2. Comprometer la seguridad o los intereses del Estado, tal como contravenir reiteradamente las disposiciones emanadas de los Ministerios u organismos de control y regulación (…)

Todos los ministerios han enviado comunicaciones a las organizaciones civiles bajo su tutela, recordando la vigencia de los artículos citados, y dando un plazo de seis meses para el registro de las organizaciones. El literal “b”, como digo, es hechura de este gobierno. Con base en él, al negarse a aceptar tres órdenes reiteradas en tres oficios del Ministro, ofrece base legal para retirar la personería jurídica a la CONAIE o a cualquier organización civil. Una infamia digna de los peores gobiernos imaginables, aquellos que reparten a diestra y siniestra el calificativo de “terrorista” a cualquiera que corta una vía.


Basado precisamente en el argumento de que “no cumplía sus fines”, pero además, que no había “coordinado” con el Ministerio de Salud, expropiando a los propios asociados el derecho de decidir si las organizaciones que ellos fundaron cumplen o no sus fines, retiró la personería jurídica de Acción Ecológica, ONG que viene acompañando las luchas anti-extractivistas en el país. Ante el escándalo nacional e internacional, el gobierno ciudadano dio un paso atrás en la medida. Definitivamente, no se necesita adorar al “corporativismo” para buscar el control estatal sobre las organizaciones sociales y civiles desde el Estado. Más bien, el sometimiento de la sociedad civil al Estado.

Islam bendito

Padre Pedro Pierre

¿Y si el Islam fuera un gran regalo de Dios para la humanidad, para recordarnos lo que habíamos olvidado o desconocido? Es cierto que poco conocemos de la religión musulmana y muchas veces los grandes medios de comunicación se quedan en lo superficial y anecdótico. Olvidemos un instante las presentaciones interesadas en discriminar los países árabes. Es más fácil discriminar que valorar a su justo precio. En el mundo suman más de mil doscientos millones de fieles musulmnes, o sea la quinta parte de la humanidad. El gran testimonio que el Islam nos presenta es su sentido el Absoluto. Mientras nos fabricamos falsos dioses que terminan esclavizándonos, el Islam nos recuerda que “no hay más que un solo Dios”.

El Islam es una religión que se reclama de Abraham, al igual que los cristianos y judíos, y reconoce a su fundador Mahoma como el último profeta de la Biblia. Su libro sagrado es el Corán, palabra árabe que significa no doctrina, sino “postura”. La predicación de Mahoma comenzó en el año 622 en La Meca, ciudad de Arabia Saudita.

(islamiclearningmaterials.com)

Unas 5 palabras nos pueden ayudar a entender mejor al islam. La primera es “mística”: el islam surge de una experiencia íntima y ardiente de Dios que hizo el profeta Mahoma, conocido como "el piadoso, el equitativo, el amigo del necesitado y defensor del oprimido, el hombre plenamente de acuerdo con Dios". La segunda es “envío”: es la misión a la que se sintió enviado Mahoma para que otros muchos hagan también una experiencia íntima y ardiente de Dios afín de alcanzar “una postura, un talante nuevo” nacido de este encuentro personal con Dios. La tercera palabra es “recuerdo”, es decir “traer de nuevo al corazón”. Se trata de recordar el pacto sellado por el encuentro con Dios que exige ser amigos de todos. Es lo que proclama el “almuecín” o sacerdote musulmán, 5 veces al día: "No hay más Dios que Dios, y no hagan otros dioses, porque se equivocan y se hacen daño". La cuarta palabra es “Dios parcial”. La experiencia de Dios hace descubrir el carácter sagrado, único del hombre, sobre todo de los más pequeños, de los débiles, huérfanos, viudas, pobres...: “No hagas llorar a una mujer, sus lágrimas las cuenta Dios”. Decía Mahoma: “Dios mío, hazme vivir pobremente, morir pobremente y resucitar el día del juicio entre los pobres”. La quinta palabra es “cambio social”. El islam busca la solidaridad y la justicia: en su época, Mahoma sustituyó los lazos tribales y de sangre par la fraternidad de fe, sin distinción de raza, color o poder.

(al-andalusi.blogspot.com)

Para terminar, recordemos las palabras de uno de los mayores sabios musulmanes, lbn Arabi en el siglo 13: “Mi corazón se ha convertido en el receptáculo de todas las formas religiosas, es pradera de las gacelas y claustro de monjes cristianos, templo de ídolos y Kaabah de peregrinos, tablas de la ley y pliegos del Corán, porque profeso la religión del amor y voy a donde quiera que vaya su cabalgadura, pues el amor es mi credo y mi fe”.

Por estas razones, el Papa Juan Pablo 2º, dijo a los jóvenes marroquíes, en su visita a Casablanca: “Los cristianos estamos también orgullosos de vuestra tradición religiosa”.

jueves, 6 de mayo de 2010

La Guerra y la Ética

Hernán Reyes Aguinaga

La foto del periódico muestra grotescamente al triunfador de la batalla y su mínimo trofeo: una enorme “placa de reconocimiento” entregada por sus propios empleados, la que encaja perfectamente con los aires del cinismo marcando la mirada y la sonrisa del conocido personaje que la sostiene en sus manos.

Sin una sola escaramuza, el Fiscal no pudo ser fiscalizado. Más bien ahora –se puede leer en el texto que acompaña la foto- podría ir en firme hacia la carrera presidencial “si así puede servir al país”, según propia y arrogante confesión pública. ¿No debería esto decirnos algo de fondo sobre el país en el que vivimos y sobre los peligros que se ciernen desde la política? De hecho, no se trata ni de abjurar de la política ni de lamentarnos de que tengamos una “democracia débil y des-institucionalizada” o, peor aún, que fue “una torpeza inoportuna”, “que faltó iniciativa” al bando contrario o, menos, que la ausencia de normativa procedimental llevó el proceso legislativo al limbo y ahí lo dejó. Si miramos con más detenimiento quizá podamos escudriñar algo más oscuro todavía. Quizá se trata de un momento crucial que devela las reglas de juego y las prácticas que marcan la disputa del poder político entre el gobierno y lo que queda de la partidocracia. El juicio político al Fiscal se diluyó porque se impuso la potencia tonante del ala pragmática de la política, que siempre se orientará por el principio de máxima eficacia, pues entiende a la política como mero sistema de administración del poder.

(http://blogs.clarin.com)

No importa si la amarga sensación fue que el verdadero motivo para evitar la fiscalización fue el terror de los poderosos a que se visibilice en público su faltas de rectitud moral e ilicitudes, supuestas o reales. A la larga, siempre será posible armar un nuevo “show” y borrar por completo de la memoria colectiva las marcas del frustrante episodio; para algo sirve la inagotable maquinaria de la mass-mediatización de la política. ¿Cómo evitar caer en este vacío prefabricado que anula toda capacidad de sacar alguna lección de este vergonzoso capítulo? Quizá pensando la política desde “fuera” de la política. Tal vez acordándonos que la política también puede ser practicada en aras de un “modelo de buen gobierno”, es decir, aquel que se guía por la noción de justicia, como planteaba Arturo Andrés Roig al referirse a la ética del poder y la moralidad de la protesta. O desde la sabiduría de Lévinas, cuando frente a los riesgos de la violencia justificada como camino privilegiado de la política afirmaba que “liberarse de la violencia y de la guerra no puede ser una tarea política, puesto que el poder es una estructura de dominio universal a la cual no se puede hacer frente más que con una estrategia radicalmente no política”. Así, la ética es indispensable para reconstruir el país e implica la necesidad de luchar por mejorar la naturaleza humana mediante “el desarrollo de la tolerancia, de la convivencia comunitaria en paz, de la cooperación y ayuda recíproca, de la solicitud, el respeto y la responsabilidad hacia el otro”.

Sin fiscalización ni control efectivo y público de la actuación pública no podrá acabarse con la impunidad como base ideológica al servicio de la política. Como concluye Lévinas “la guerra no se sitúa solamente como la más grande entre las pruebas que vive la moral. La convierte en irrisoria. El arte de prever y ganar por todos los medios la guerra -la política- se impone, en virtud de ello, como el ejercicio mismo de la razón”. Me niego.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Elegía por el flaneur

Alejandro Moreano

Oído a un taxista: esta ciudad está diseñada para que sea imposible girar hacia la izquierda.

Son los de a carro por supuesto. Los de a pie, en cambio, pueden virar hacia la izquierda cuando a bien tengan.

El famoso “pico y placa” puede provocar un efecto inesperado: el aumento de los de a pie. ¿Cuántos? ¿60, 80 mil diarios?

¿Aumentará el numero de los vagabundos, los mirones, los “flâneur”? ¿O esos nuevos peatones irán por las calles a pie, tal como viajan en los automóviles, como zombis inmunes a las tentaciones del mundo?

Baudelaire fue el primero en descubrir al flâneur como símbolo de la modernidad. El mirón que deambula(ba) por los pasajes –las arcadas de París- construidos entre calles o en el interior de grandes edificios y llenos de tiendas con sus escaparates llamativos, cafés, muchedumbres… Y cantó a “Una transeúnte”: La calle aturdidora en torno de mí aullaba / Alta fin, de luto, dolor majestuoso / Una mujer pasó, que con gesto fastuoso/ Recogía las blondas que su andar balanceaba”.

Hacia la segunda mitad del siglo XIX florecieron las ciudades-bazar y los grandes almacenes con sus pasajes interiores –en Quito en la primera mitad del Siglo XX, el Pasaje Amador, el Royal- en donde estallaba el fetichismo de la mercancía en todo su esplendor. Pero junto a las damas ricas, empeñadas en mostrar el poder financiero de sus maridos, emergió el flâneur. Y la flaneusse. El o la que circula entre las vitrinas con las manos en los bolsillos, sin comprar, admirando el puro valor de uso de los productos. Y que el capital odia y trata de hacer desaparecer: en algunos almacenes de EU y Europa hay guardias que expulsan a los mirones, la ubicación de los centros comerciales con acceso solo para automóviles, la edificación de urbanizaciones que integran los supermercados, alejan cada vez más a los de a pie.

(http://www.bifurcaciones.cl)

En el Ecuador los flaneur no son tanto los artistas bohemios cuanto los sectores populares. Los fines de semana invaden los “Mal”, se toman los parques, el centro colonial de Quito. Deambulan, pasean, caminan, se detienen para mirar a los artistas callejeros… Se los reconoce porque no llevan prisa.

Pero, la nueva ciudad no está construida para ellos. Desde Durán Ballén, la ciudad fue edificada para valorizar tierras de antiguas haciendas y articular una relación cómoda –a recorrer en automóvil- entre los ejes financieros, comercial y de la diversión con las zonas residenciales.

Fue la vieja ciudad la que enfrentó la dictadura del automóvil, favorecida por sus callejuelas hechas para los de a pie. El último intento de dicha dictadura fue la construcción de ese horrible paso a desnivel que va a dar a la Marín. Pero, el pueblo –incluidos los que “hacen la distribución por su cuenta”- retomó el lugar.

Y la Mariscal también fue un centro de resistencia. Los pelucones crearon el “tontódromo”, una especie suigéneris de “automóviles que pasean” y que no duró mucho tiempo. Luego, devino en un escenario en disputa. Hubo asesinatos para restablecer el orden y la renta de la tierra. Fracasaron de algún modo y hoy ha tornado a ser la “zona húmeda” tan bellamente descrita por Amelia Ribadeneira en uno de sus artículos del antiguo Telégrafo. Una zona para los flâneur.

En los 70 y 80, las diez huelgas generales y los dos “paros nacionales del pueblo”, recuperaron la hegemonía de los de a pie. Atravesada por la Diez de Agosto, Quito es una ciudad fácil para el éxito de una huelga: basta con interrumpir el tránsito en la Diez de Agosto. De pronto, la ciudad era de los de a pie que la recorrían, como en un gran carnaval, una y otra vez, convertidos en flâneur de su propia fuerza.

El automóvil ha llegado a su agotamiento en Quito. Sin embargo, se siguen y se seguirán comprando: la orientación neoliberal e importadora de los bancos y la inexistencia de un proyecto de desarrollo del actual gobierno, asegura que las importaciones de automóviles continuarán viento en popa.

¿Sólo los flâneur podrán detenerla? Pero, para ello se requiere que la ciudad esté diseñada para girar hacia la izquierda.

Haci bibo io mi livertath

Lucrecia Maldonado

Todos los días me levanto temprano. Pero aún tendría que levantarme más temprano para hacer las cosas que libremente me he impuesto: caminar media hora diaria, los ejercicios de rehabilitación de la rodilla, la lectura de mi diario programa espiritual y la meditación sobre el mismo. Casi siempre tengo que perder la media hora de caminata porque el sueño me coarta mi libertad de ejercitarme en nombre de mi libertad de dormir un rato más. Así vivo yo mi livertad.

Tengo que preparar el desayuno. Debe ser saludable y nutritivo, nada de los huevos revueltos con jamón que mi libertad de comer lo que me da la gana me pide a gritos. Luego, casi a las carreras por haber ejercido mi libertad de dormir media hora más, tengo que asearme y arreglarme para comenzar el día. Así vivo io mi livertad.

En el trabajo, me toca firmar la entrada. Luego voy al aula y reviso la planificación que tengo que hacer para ese día. A mí me gustaría leerles a los estudiantes poesía variada, relatos, olvidarnos un poco de los marcos históricos y el análisis literario, pero no es posible, hay un programa que seguir y que cumplir, qué se le va a hacer. Cuando alguien, profesor, estudiante o autoridad, debido a que es un colegio bilingüe, viene a hablarme en espanglish, me dan ganas de cortarle el saludo for ever and ever, pero como noto que me están contagiando esa perniciosa costumbre, reprimo mi libertad de indignación, sonrío irónicamente y me alejo por el corredor masticando mi enojo. Así vivo io mi livertath.

(http://deepchurch.org.uk)

¿Y mi libertad de expresión? Ya les conté que me tuve que autorregular frente a los del espanglish, no puedo, aunque quisiera, decir todo lo que siento cuando la gente habla inglés entre ecuatorianos. Tampoco puedo mentarle la madre a un señor que maneja como si fuera el dueño de la calle, por miedo a que me pegue pero también por cortesía, educación y todas esas cosas. La libertad tiene sus normas, dicen los que hablan de cómo viven su libertad en un conocido periódico quiteño. Por eso, cuando en el diario El Telégrafo, donde escribía antes, las cosas comenzaron a ponerse de colores muy desagradables preferimos irnos, aunque eso restringiera una parte de lo que nos daba cierta libertad económica. Solitos nos fuimos. Nadie nos mandó ni nos obligó a irnos o a quedarnos. Así vibo io mi livertath.

Porque cuando leo esa pequeña gacetilla (de seguro les dicen cuántos caracteres tienen que emplear, porque si no, hablando de libertad, se pueden extender como quinientas páginas) veo que la gente siempre habla de la libertad con normas, la libertad con respeto, la libertad mía hasta donde empieza la libertad del otro. Un señor que afortunadamente ya no me acuerdo quién era decía que para ejercer su libertad su esposa y su hija le conceden la libertad de salir de la casa y viajar… si no, capaz que no sería quién es ni haría lo que hace, o sea, lo mismo que decir así bibo io mi livertath.

Yo, en realidad cuestiono esta columna hecha con un poco de mala intención, me parece. Cierto que resulta bonito saber cómo viven su libertad los deportistas, los escritores, los empresarios (sobre todo ellos, que tienen una cantidad indeterminada de libertad para vivirla a gusto y por tiempo indefinido). Pero me gustaría saber, por ejemplo, también, cómo vive su libertad un niño de la calle. Sería interesantísimo. O saber cómo vive su libertad una prostituta. Pero no una prostituta de caché, no. Una prostituta de esas bien pobres, que no se da cuenta de que vivimos en una sociedad en donde toda la gente vive su libertad de modos bien lindos y creativos y lo proclama en un periódico que dizque defiende la libertad de todo el mundo. Cómo vive su libertad una mujer maltratada, un desempleado, un adicto. Cómo vive su libertad alguien que tiene SIDA, una persona con cáncer terminal, un preso de la cárcel, alguien a quien hostigan sus compañeros de aula, que escribe en una pared, con una ortografía desconcertante: “haci bibo io mi livertath”. Y ahí radica su fuerza interior.

lunes, 3 de mayo de 2010

La libre expresión es libre

Mariana Neira



Conocí a un extranjero, marxista, filósofo, además, periodista y un gran hombre. Era muy firme en sus convicciones, tanto que cuando en su país le ofrecieron un ministerio dijo: “Lo que me propones es una ofensa. Yo soy periodista y siempre tengo que estar en la orilla contraria para observar y criticar lo malo que hace tu gobierno”.

Trabajaba en nuestro país y cuando con sus notas periodísticas provocaba reacciones, en vez de amilanarse, intensificaba su investigación y denuncia. Fue en esos 80 cuando descubrí que había un periodismo de investigación.

Le decía: “¿No te da miedo enfrentarte al presidente, a los ministros?” Él me contestaba: “Para algo estoy en esta profesión, si no, tendría que dedicarme a vender zapatos”. Fue una época periodística interesante porque la denuncia empezaba a mostrarse en Ecuador como una nueva tendencia.

Mi amigo decía que el periodista moderno tiene que ser un fiscalizador del poder, sea éste público o privado. Al poder público hay que fiscalizarlo para que gaste bien y con pulcritud nuestra platita (de los impuestos, del petróleo, etc.), y al poder privado para que ofrezca buenos productos y servicios a la comunidad, y juegue limpio en procesos de contratación con el Estado.

“Si las empresas periodísticas son privadas, hay que buscar y aprovechar los espacios que nos dan para hacer denuncias. Ofrecen mayores espacios las que tienen menos compromisos empresariales y políticos”, me decía mi amigo. ¡Qué difícil encontrar eso en la vida! Justamente de aquello se ha aprovechado el gobierno para sus críticas a “los periodistas”. Malintencionadamente, para enfrentar a los dos bandos, mete en el mismo saco a empresas periodísticas y periodistas. Esto rechazamos los obreros del periodismo que lo único que hacemos es buscar espacios para una libre expresión. Con leyes, el gobierno quiere que esa libre expresión sea regulada y perfecta, interpretando como “perfección” nunca hacer denuncias sin un documento probatorio. Esta es una regla elemental del periodismo y no necesitamos que el Estado nos ordene. Para eso están los códigos de ética de los gremios y de los medios, organismos que a su vez tienen los instrumentos para amonestarnos y sancionarnos cuando cometemos errores. Y si la cosa es grave, vamos ante un juez. Así es que tampoco necesitamos un organismo del Estado que nos hale las orejas, ni leyes sancionadoras exclusivas para los periodistas. Atrás de todo este mamotreto está la intención de amedrentarnos para evitar denuncias en contra del Estado, quitarnos el poco aire de libre expresión que nos queda. Un gobierno democrático debería preocuparse, más bien, por leyes que estimulen la denuncia como un mecanismo de apoyo a la transparencia, moralidad, y a la vez, protejan a los periodistas que por sus investigaciones ponen en riesgo sus vidas.

(Soñé con un país en donde los eugenios espejos perseguidos por los realistas colgaban sus ideas en la red… debe ser éste.)




Primero de mayo

Silvia Buendía

El 25 de junio de 1868 el presidente Andrew Johnson – que fue elegido vicepresidente junto con Abraham Lincoln y lo sucedió a su muerte- promulgó la Ley Ingersoll, que establecía la jornada de trabajo de ocho horas diarias. Sin embargo, al poco tiempo se crearon nuevas leyes que permitían extender esta jornada a 10, 14 y hasta 18 horas diarias. Durante muchos años las organizaciones laborales y sindicales norteamericanas se movilizaron para conseguir en la práctica a lo que en teoría tenían derecho. Su principal herramienta de presión fue la huelga. La burguesía dueña de las industrias también se movilizó. Nacieron grupos civiles armados, violentas milicias anti obreras que se dedicaban básicamente a crear disturbios, propiciar el caos, romper las huelgas.

En este clima de tensión nació en 1881 en Pittsburgh la Federación Americana del Trabajo, que en su segundo congreso exigió que se cumpliera la ley de las ocho horas para todos los trabajadores sin distinción de su edad, sexo o condición. Esta demanda concertada y sostenida de los obreros organizados dio como resultado la huelga nacional del 1 de mayo de 1886.

La Noble Orden de los Caballeros del Trabajo -principal organización de trabajadores en EE.UU.- mandó una circular a todas las organizaciones adheridas, donde manifestaba que ningún trabajador debía sumarse a esta huelga. El comunicado fue rechazado por los trabajadores, quienes repudiaron a los dirigentes de la Noble Orden por traicionar al movimiento obrero. Ese sábado 1 de mayo de 1886 se declararon simultáneamente 5.000 huelgas en todo el país.

Los trabajadores de la ciudad de Chicago vivían las peores condiciones de todo el país y por eso allí la huelga fue multitudinaria. La única industria que trabajaba en esa ciudad era la fábrica de maquinaria agrícola McCormick, al norte de Chicago. El 3 de mayo frente a las puertas de la McCormick se dió lugar una manifestación contra los rompehuelgas que allí laboraban. A la hora de salida empezó una pelea campal entre obreros y rompehuelgas, hasta que llegó la policía y abrió fuego a quemarropa contra los obreros, matando a seis e hiriendo a cientos. El 4 de mayo 15.000 obreros se reunieron en la plaza Haymarket para deplorar los hechos del día anterior. Se sucedieron discursos, algunos inflamables y otros mesurados, hasta que la lluvia helada disminuyó la cantidad de gente convocada. Fue entonces cuando llegó la policía para tratar de dispersar a quienes todavía quedaban. Nunca se supo quién lanzó la pequeña bomba que impactó a la policía. Se desató el fuego contra los manifestantes y el resultado fue 38 obreros muertos y otros 115 heridos. Luego vino el juicio de cuatro dirigentes obreros a los que nunca se les pudo probar nada, pero se ahorcó igual.

En 1889, el Congreso de París de la Segunda Internacional acordó celebrar el Día del Trabajo el 1 de mayo de cada año en homenaje a los mártires de Chicago que sellaron su suerte con el inicio de la huelga.

En casi todo el mundo se celebra este día y se lo considera, además, el nacimiento del movimiento obrero moderno. Sin embargo, en los EE. UU. el día del trabajo es el primer lunes de septiembre. ¿Cómo así? Esta fecha fue escogida en 1887 por el presidente Grover Cleveland para celebrar a los trabajadores que contribuyen a crear la riqueza de ese país. Cleveland decidió que era demasiado peligroso recordar ciertos hechos que podrían reforzar al movimiento socialista nacional, que era imperativo desterrar de la memoria del pueblo norteamericano la masacre de Chicago. Pero es el 1 de mayo de cada año cuando los obreros marchan por las calles del mundo izando la bandera del recuerdo, de las victorias conseguidas a sangre y fuego. ¿Son ciento catorce años muy pocos para que el país del norte entienda y asuma que existen hechos en la historia de los pueblos que nunca se podrán olvidar?

domingo, 2 de mayo de 2010

La torpeza de unas castas tristes

Juan Martín Cueva

"Nadie debería hablar de países convulsivos y violentos, sino de momentos convulsivos y violentos de los países”, dice William Ospina. Colombia lleva más de medio siglo de violencia desatada, y al cabo de todo ese tiempo la gente tiene derecho de creer que el momento está acabando, que se vienen otros tiempos.

He pasado meses investigando nuestra frontera norte y he visto que eso de que somos países hermanos no es una bonita frase vacía sino una realidad evidente y a ratos dolorosa. Cuando empecé este texto estaba leyendo a Alfredo Molano, pero me asaltaron y me robaron mi mochila con su libro (no eran colombianos los asaltantes). Entonces vuelvo a empezar, pero ahora la luz que ilumina el tema es diferente, más cálida, proyectada sobre el futuro de Colombia por la subida impresionante de Mockus en las intenciones de voto.

bookofezekiel3.wordpress.com

Los colombianos van a corregir el rumbo perverso que el destino trató de imponerles. Digo destino donde debería decir las élites miopes de ese país que es mucho más que lo que ellas quieren ver. Porque Colombia es Uribe pero también es Mockus, Piedad Córdova, Antonio Navarro, Lucho Garzón, los verdes, la gente que quiere algo mejor. Y porque en el escenario posible de una victoria de Mockus entran Petro y el Polo, lo que dejó de bueno el Eme, la gente que nunca ha votado y se le entiende porque para ir a escoger entre idénticos, seguro que daba pereza votar. Colombia es mucho más que los paras y Santos, las siete bases gringas y los falsos positivos, más que el giro traicionero de las FARC y los tentáculos de la corrupción y el narcotráfico.

Para entender esta pasión inmensa / que iba de pecho en pecho, de grito en grito / debes saber de siglos de vergüenza (…/…) del cansancio infinito de vivir en el mundo / sin amor por el mundo / de la torpeza de unas castas tristes / que intrigan, hieren y ebriamente humillan / mas no saben ser dignas de su suelo y su cielo..." dice un poema de William Ospina.

Tengo ganas de escribir de Colombia porque el Jose Figueroa nos dijo que lo que le dolía de dejar el Telégrafo era perder un espacio para hablar de Colombia. Y que hablar de Colombia aquí, y ahora, es importante. Y porque tiene absoluta razón.

Sentí que debía escribir sobre Colombia porque nos ha traído a cientos de miles de personas con ganas de trabajar y de integrarse, de aportar y de jugárselas por el país que los ha recibido cuando han debido alejarse de su tierra. Porque sé que Colombia nos ha enseñado y nos seguirá enseñando mucho. Nos enseñó a bailar salsa con el Seseribó y a defender la vida, la justicia y la memoria con coraje incansable, con los Restrepo. Colombia es literatura con maestros como Gabo, Laura Restrepo, Fernando Vallejo, Álvaro Mutis y Andrés Caicedo entre muchos otros que hasta nos provocan envidia. Es teatro con Enrique Buenaventura y La Candelaria y el inmenso actor Coco Badillo. Es música con Shakiras y Juanes, pero también con Totó la Moposina, Petrona Martínez, Francisco el Hombre, Alci Acosta y muchos más. Es cine con Víctor Gaviria, Ciro Guerra, Marta Rodriguez y Luis Ospina y ya, enumerar sería absurdo, casi da ganas de decir como el slogan de su marca país, Colombia es pasión. Pasión que se transformó en violencia con una gota que derramó el vaso, el asesinato de Gaitán en 1948.

¿Cerraría una presidencia de Mockus ese momento de violencia? Es un poco abusivo afirmar que eso sucederá. En todo caso Mockus marca la ruptura con décadas de alternancia de los mismos apellidos y los mismos intereses en el poder.

Eduardo Galeano describe a la historia como una vieja caprichosa que no nos obedece, que hace lo que le da la gana: Chile agarra y elige a Piñera, y a la vuelta de la esquina Colombia da un giro de 180 grados y abre un escenario muy distinto del actual, no solo para unas relaciones más sanas con sus vecinos, sino lo más importante, para una relación más sana consigo misma, con su pasado y con su pueblo impredecible.