lunes, 4 de octubre de 2010

La otra verdad: El caso de María Alejandra Cevallos

Silvia Buendía

El día jueves en la noche desde la señal de ECTV presencié como un grupo de gente entraba a ese canal rompiendo puertas y gritando consignas contra Rafael Correa. No me extrañó distinguir entre la turba a Pablo Guerrero, ex abogado de Lucio Gutiérrez. Si me sorprendió ver en este grupo a la Dra. María Graciela Crespo, directora universitaria relacionada al Opus Dei; quien estuvo en meses pasados conmigo en el programa Así Somos hablando sobre la eutanasia. En esa ocasión me pareció una mujer tremendamente pacífica, profundamente cristiana, quien argumentó contra la eutanasia desde el principio de que la vida es sagrada. ¿Qué hacía esta señora entrando a la fuerza y rompiendo vidrios? ¿Qué goma pega a una opusdeiana académica con un gutierrista abogado?

María Alejandra Cevallos, estudiante universitaria de derecho, fue escogida entre el grupo de manifestantes para tomar la palabra ante las cámaras. Ella dijo que necesitaba que el país se enterara de la otra verdad. Aquella que sucedía en la Ave. de los Shyris donde un numeroso grupo de personas se había auto convocado para manifestarse contra la forma de gobernar de Rafael Correa.

Diario El Universo publicó el domingo 3 de Octubre en su página 9 de la primera sección una entrevista que le hace Santiago Molina a María Alejandra Cevallos. La entrevista parece diseñada para justificar los motivos que llevó a Cevallos y compañía a ingresar a la fuerza a ECTV. Se hace una apología de esta joven. Mujer valiente, estudiante de derecho, quien no pertenece a ningún movimiento ni grupo político y arriesgó su integridad física para intentar que el medio público informara a la gente con la otra verdad. Cevallos justificó haber tumbado la puerta porque la gente, dijo, “cuando está en movilización es un tanto iracunda”. Y porque no era justo que se desinformara a la nación y se acallara a los demás medios de comunicación.

¿Es esto periodismo? La entrevista que ese mismo domingo en la segunda sección Cecilia Robalino le hizo a Carlos Villagrán “Kiko” fue mucho más crítica y cuestionadora que ésta de Santiago Molina a María Alejandra Cevallos. Nunca se le preguntó a Cevallos, ¿cómo así una estudiante del cuarto año de derecho desconocía que el art. 164 y siguientes de la Constitución del Ecuador regula los estados de excepción? La censura previa a los medios de comunicación está contenida en este articulado. Puede ser que a Cevallos no le pareciera justa, pero en efecto la medida era legal y constitucional. ¿Cevallos no sabía que esta censura estaba basada en un decreto de excepción? ¿Por qué era tan importante que la gente supiera que había personas que durante los hechos del jueves salieron a la calle a gritar consignas contra el régimen? ¿Esto justifica la violencia? ¿No podría esta incursión en ECTV haber agravado la situación existente? ¿No sería que justamente se intentaba, a través de esta cadena de medios de comunicación, evitar que más gente como Cevallos, Crespo o Guerrero salieran a romper ventanas y puertas para manifestar su opinión? ¿Esta otra verdad que quería difundir Cevallos le hacía bien al país? ¿De qué manera? Cevallos dijo que no representaba a ningún movimiento o grupo político y Santiago Molina se quedó tan pancho. ¿Por qué Molina no indagó más sobre Cevallos? ¿No se le ocurrió que de pronto esta joven era la misma María Alejandra Cevallos que es asambleísta alterna de Nicolás Lapentti en la Asamblea Nacional? Hay alguien que se llama exactamente como Cevallos y que es hasta idéntica a Cevallos según la foto que sale en el internet, juzguen ustedes mismos: http://www.flickr.com/photos/asambleanacional/4690186269/ ¿Se trata acaso de un homónimo? ¿Por qué Molina no le preguntó cuál era su relación con la campaña para recolectar firmas que lleva a cabo Carlos Vera para revocar el mandato de Rafael Correa? ¿Por qué una de las voceras de esta iniciativa de revocatoria tiene los mismos nombres y apellidos de Cevallos? ¿Es otro homónimo?

Y no es que tenga nada de malo que esta joven mujer haga política, pero ¿por qué esconderlo? ¿Por qué no se preocupan los periodistas de este diario en verificar la información que obtienen? ¿Por qué solo cuestionan al entrevistado cuando pertenece al oficialismo?¿Por qué no se hizo mención al decreto que estableció el estado de excepción? ¿Por qué en lugar de decir “la otra verdad”, mejor no se dice toda la verdad? Y por qué un diario que con razón señala el tono partidista a que a favor de Correa tomó ECTV durante la cadena, incurre en lo mismo con quienes están contra Correa. La entrevista a Cevallos es impresentable propaganda anti gobierno con gravísimas falencias periodísticas.

viernes, 1 de octubre de 2010

Estado de excepción y diversidad informativa


Gustavo Abad

Hace apenas un par de días, en un diálogo entre periodistas, académicos y estudiantes, algunos planteamos la necesidad de entender que las garantías de la democracia no están en la información mediatizada sino en la política, y que toda acción para modificar la relación de fuerzas en el ámbito de la comunicación es, en última instancia, una acción política.

Pocas horas después, el Ecuador amanecía con la noticia de la insurrección de un grupo de policías bajo el argumento de que el gobierno había reducido algunos de sus privilegios laborales. El conflicto tomó cuerpo cuando el presidente Correa salió -innecesariamente para muchos- a “ponerle el pecho a las balas” y terminó herido y secuestrado por doce horas en el Hospital de la Policía.

Entonces entramos en terreno pantanoso para la mayoría de los medios porque, entre otras cosas, no terminan de asimilar la relación entre comunicación y política en términos de servicio público, es decir, no han sabido reflexionar ni responder a la pregunta ¿Qué tipo de información necesita el país en esos trances? ¿La que puede contribuir a mantener el orden democrático o la que magnifica el caos y la inestabilidad?

La respuesta parece fácil, pero no para los empresarios de la Asociación Ecuatoriana de Editores de Periódicos (AEDEP) que en un comunicado de hoy rechazan, entre otras cosas, “la decisión gubernamental de obligar a todos los medios audiovisuales a plegar a una cadena nacional ‘indefinida e ininterrumpida’, pues al amparo del estado de excepción se ha impedido a la ciudadanía tener otras versiones de los hechos que no sean los oficiales”.

Seguramente se refieren a que, mientras el presidente Correa se dirigía al país, a través de un medio estatal, para explicar su estado de salud, los canales privados transmitían en directo los saqueos de que eran objeto algunos locales comerciales en Guayaquil y repetían sin cesar las tomas que más parecían reflejar el nerviosismo callejero. La defensa de la diversidad informativa no siempre concuerda con la demanda de un servicio público.

Se les olvida a los señores de la AEDEP lo que significa un “Estado de excepción”. Los artículos 164 y 165 de la Constitución de la República son claros al respecto. Señalan que en caso de una “grave conmoción interna” el Presidente puede “suspender o limitar (…) el derecho a la libertad de información…”. Además, “Disponer censura previa en la información de los medios de comunicación social con estricta relación a los motivos del estado de excepción y a la seguridad del Estado”.

De modo que la cadena de la que tanto se quejan los empresarios de medios no sólo era legal sino necesaria. En otras palabras, no fue sólo una decisión informativa, sino política. Ahí está la relación que tanto les cuesta ver a los dueños de periódicos, radios y canales privados. A estas alturas, no creo que lo hagan por desconocimiento de la norma, sino por algún otro tipo de carencias o de bajezas. Rebelarse contra un Estado de excepción en dictadura es heroísmo, pero hacerlo en democracia es golpismo.

Por supuesto que podemos lamentar el manejo estrictamente periodístico que hicieron los medios estatales en esta cadena. Una cosa es que la televisión y la radio públicas hagan de matrices en una situación crítica y otra es que algunos de sus periodistas crean que pueden arengar a la población con un discurso partidista. Una cosa es que refuercen el pedido generalizado de garantizar la integridad del primer mandatario y otra es que nos sometan a horas de apología de un líder político y alienten a la población a exponerse a las balas, como lo hizo una locutora de la radio pública.

A veces las formas pueden llegar a desdibujar los principios. Eso es lo peligroso e irresponsable tanto en medios públicos como privados, por más Estado de excepción que nos obligue.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Reforma agraria

Pablo Ospina Peralta

En 1994 se declaró superada la reforma agraria en el Ecuador. El descubrimiento criollo de los valores insondables de la desigualdad se afirmaban justo cuando las investigaciones sobre el “milagro asiático” en Corea del Sur, Taiwan o China, develaban que entre los secretos mejor guardados de la poción oriental para el “desarrollo” estaba precisamente la distribución equitativa de tierras y aguas. Los sepultureros de la reforma agraria cabalgaban montados sobre el discurso de la nostalgia por la supuesta pérdida de las capacidades productivas de haciendas que eran el “granero” del país, en manos de quienes no sabían hacerlas producir. En sus versiones más demenciales llegaron incluso a escribir sin la menor vergüenza, sin que les subiera un grado el rubor en las mejillas, que los indígenas eran los nuevos terratenientes del país.

(foto: Sebastiao Salgado)

Hay que reconocer que el gobierno ciudadano no tiene en el tema de tierras el mismo discurso de los ideólogos de Durán Ballén, aun cuando se apresure a liberar de toda culpa y bañar de inocencia al mejor de sus representantes, Alberto Dahik. Alianza País ha dicho, luego de tres años de silencio, que hay injusticia en la distribución de tierras en el Ecuador. Su propuesta de solución al acertijo de la desigualdad agraria consiste en repartir dos millones de hectáreas de “tierras improductivas” a los campesinos necesitados. Esa “solución” es un buen ejemplo de las limitaciones de nuestra revolución. Hay un avance respecto a Durán Ballén, pero estamos muy lejos del socialismo ¿Dónde encontrar estas dos millones de hectáreas? ¿Dónde hay tantas tierras improductivas?

La verdad es que no existen tales tierras, salvo en las laderas de las montañas, en los páramos y en los bosques. Las estadísticas revelan que entre la superficie agropecuaria actualmente en uso existen unas tres millones y medio de hectáreas de “bosques y montes” y otras dos millones de “pastos naturales” y páramos. Tal vez exista otro tanto fuera de las tierras en uso agropecuario pero eso significaría ocupar más tierras inaptas para la agricultura. La “solución” ciudadana es muy parecida a la que ofreció la reforma agraria de los años 1970: entregó en colonización 5 millones de hectáreas de bosques en las laderas de la cordillera o en la amazonía. Entregar a los campesinos las peores tierras y dejar a los grandes empresarios las mejores, las tierras planas, las que cuentan con riego, con caminos, con electricidad e infraestructura productiva.

La otra gran “solución” prevista por el gobierno, la compra de tierras mediante créditos otorgados a campesinos, tiene el mismo problema. El Ecuador tuvo una de las experiencias más exitosas de crédito de tierras del mundo: la que dirigió el FEPP desde 1991 y que permitió comprar casi un millón de hectáreas para los campesinos. ¿Cuál es el problema? Sencillamente que los campesinos no pueden costear, incluso con créditos, la compra de las mejores tierras. Solo pueden comprar tierras marginales, de laderas, sin infraestructura, alejadas de los centros de mercado. Es, por lo tanto, un buen mecanismo para reducir el conflicto agrario pero no soluciona la desigualdad.

En una palabra, no se puede resolver la desigualdad en el agro sin afectar las tierras productivas, es decir, sin poner un límite al tamaño de los predios y sin declarar expropiables las grandes propiedades que no cumplan ciertos requisitos sociales y ambientales. Pero eso no es reducir el conflicto sino atizarlo. Pero el gobierno no está dispuesto a hacerlo porque para ello necesita una alianza con los únicos que pueden sostener un proyecto de transformación agraria verdadera: las organizaciones campesinas e indígenas.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Reseña: ¿Por qué nos odian tanto?

¿Por qué nos odian tanto?...

¿Hay que defender a los medios de comunicación del Estado o al Estado de los medios y los periodistas? Es la pregunta disparadora que guía los trabajos periodísticos que conforman este libro publicado por el Centro de Competencia en Comunicación de la Friedrich Ebert y editado por Omar Rincón.

De ahí surge “¿Por qué nos odian tanto? Estado y medios de comunicación en América Latina”, un libro que da cuenta de lo que ocurre en 18 países, mediante 18 relatos periodísticos, que cuentan 18 realidades político-mediáticas. Cada historia narra cómo se responde a esta pregunta. El caso ecuatoriano lo cuenta el periodista Gustavo Abad.

Nunca la comunicación fue tan importante, ni fue noticia de primera plana. Los medios de comunicación producen mucho ruido político en nuestra América Latina siglo XXI. Y es que asistimos a unos gobiernos fascinados por la lógica de los medios y a unos medios de comunicación que no quieren perder sus privilegios y dominio sobre la opinión pública. Estamos asistiendo, entonces, a una batalla inédita por el relato de país. Y es que los modelos de medios son modelos de país. En esta situación, hay que recuperar el sentido común…

Versión en pdf

http://www.c3fes.net/docs/porquenosodian.pdf

domingo, 29 de agosto de 2010

La foto del sobreviviente

Gustavo Abad

Un joven ecuatoriano es el único sobreviviente de la masacre perpetrada, hace una semana, en el estado de Tamaulipas (México) por una banda de narcotraficantes (los Zetas) contra 72 personas que intentaban cruzar la frontera hacia Estados Unidos. Los medios publicaron la noticia, unos con más, otros con menos detalles. En lo que sí coincidieron casi todos fue en ese afán enfermizo de publicar los nombres y las fotos del sobreviviente y de sus familiares, como si de la identificación de los rasgos de las víctimas dependiera la credibilidad del periodismo.

Me niego a aceptar que, a estas alturas, los editores de los principales medios del país, como El Comercio, por ejemplo, que se dicen defensores del buen oficio, respetuosos del lector, que trabajan al servicio de la gente, y un montón de palabrería devaluada por el mal uso, no hayan resuelto todavía en sus procedimientos un asunto de ética elemental, como es la obligación del medio de abstenerse de publicar una información cuando exista la mínima posibilidad de exponer a las personas.

Las fotos publicadas en ese diario –no importa si alguna salió completa y otra “pixelada” – ayudó a aumentar el estado de indefensión, no solo del compatriota herido, sino de todo su entorno familiar. Sobra decir que se trata de un entorno marcado por la pobreza en un pueblo de la provincia del Cañar, lo cual facilita los abusos de toda clase. Todo indica que hay medios y periodistas que no hacen conciencia de su capacidad de causar daño.

Si no fuera lamentable, sería cómico el argumento de uno de los jefes periodísticos de El Comercio, quien sugiere en un artículo que la responsabilidad de proteger a los testigos no es de los medios sino de las autoridades. Asombroso descubrimiento. Después dice que el diario no ha expuesto a las víctimas puesto que los mafiosos que se dedican al tráfico de personas los conocen muy bien por haber tenido tratos anteriormente con ellos. Entonces publiquen la lista de todos los habitantes del pueblo.

Si ese razonamiento viniera de un estudiante de primer año de periodismo, se podría entender, por su nivel de formación, pero no se puede admitir lo mismo de personas que llevan más de veinte años en este oficio y que además ejercen como responsables de la línea informativa de uno de los más grandes diarios del país. Si ellos, los que aspiran a ser referentes de los más jóvenes, no la tienen clara, qué se puede esperar del resto.

“¿Qué gana la sociedad al no conocer el rostro del testigo?”, se pregunta ese mismo jefe periodístico para justificar lo injustificable. La pregunta debería ser al revés: ¿Qué gana la sociedad al conocerlo? Es más: ¿Qué gana la víctima con que todos lo miremos en ese estado íntimo e inviolable como es el sufrimiento? Si los jefes periodísticos de ese diario admitieran que se equivocaron y pidieran disculpas, ese solo gesto los haría merecedores de un poco de respeto. Pero no demuestran la intención de hacerlo, por lo tanto, no hay razón para respetarlos.

El problema es que ciertos medios todavía se guían por esa falsa premisa según la cual la contemplación del horror sirve de lección a la humanidad para no volverlo a cometer. Gran pretexto, inventado para regodearse con la exposición del dolor ajeno. Valga la ocasión para recordarles lo que decía Susan Sontag sobre este tema: “Los únicos que tienen derecho a mirar el dolor ajeno son los que tienen alguna posibilidad de remediarlo”.

En efecto, el médico que alivia las heridas, la autoridad que podría acercar un poco de justicia, el familiar que ofrece compañía y fuerza espiritual, son los únicos con derecho a mirar el sufrimiento del otro. El resto, es decir la mayoría de nosotros, somos simples fisgones. Y todavía hay medios y periodistas que no se dan cuenta. O fingen no darse cuenta, que es peor.

viernes, 20 de agosto de 2010

(FINAL) IDEAS COMUNES EN TORNO A LA DROGADICCIÓN: LA CODEPENDENCIA SOCIAL

Lucrecia Maldonado


¿Y qué será ahora de nosotros sin bárbaros?

Quizá ellos fueran una solución después de todo.

[Konstantinos Kavafis]

La drogadicción no es delito, por más que bajo sus efectos se cometa toda clase de delitos. El consumo de drogas no es pecado aunque el último Papa lo haya decidido así. La adicción es una enfermedad del alma. Y como ha ocurrido con todas las pandemias que en el mundo han sido, es una metáfora del ambiente en donde se produce. Y como toda enfermedad de la mente y el espíritu, habla más de quienes se creen ‘sanos’ que de los que se muestran enfermos.

Con frecuencia, cuando en una familia se presenta un problema psiquiátrico, si con el tratamiento adecuado esa persona comienza a superarlo, otro miembro de la familia manifiesta síntomas, si no de lo mismo, de algo similar. ¿Por qué? Porque el enfermo original no era más que el síntoma de una patología familiar.

Quienes conocen el tema dicen que la adicción nace de una falta de arquetipo paterno. Surge entonces la idea de que en esta sociedad de súper mamás, hedonismo más allá de cualquier lógica, consumismo irracional y desarticulación familiar, de hecho, sin el arquetipo paterno, que es el que a través del orden y la cultura pretende moderar la predominancia del instinto y el desenfreno, no es extraño que esta enfermedad, en otras épocas casi inexistente, ahora sea uno de los males más comunes y ‘emperrados’.

La adicción también habla de dolor y de falta de fortaleza espiritual para saber resistirlo. De una necesidad imperiosa de calmar un profundo dolor interno. ¿Qué le duele al adicto? Le duele la vida. El sinsentido. Los vacíos afectivos que se acarrean desde la infancia e incluso los de generaciones anteriores. Con demasiada frecuencia, una persona adicta quiere morir para ya no sentir. En un mundo que pretende llenar la vida con objetos, sean estos un celular blackberry o un balero del Chavo, el vacío del alma no tarda en hacerse sentir de cualquier manera, y cuando no se pueden conseguir los objetos o cuando descubrimos que los objetos no bastan y el vacío se vuelve intolerable, entonces las sustancias que alteran los estados de conciencia pueden resultar un buen sucedáneo para ayudarnos a seguir con la vida… o a terminar con ella.

Pero si vamos un poco más allá, el ‘pecado’ de la adicción, como muchos pecados de herejía, habla también de búsqueda. Y en muchos casos habla de una búsqueda espiritual, aunque sea con los procedimientos más erróneos y las terribles consecuencias que conocemos. Ese intento de comprobar si las supuestas verdades con que nos desmamantaron realmente lo son. Y el dolor de descubrir que no es así.

Si bien en el corto plazo la prevención y cierto tipo de control podrían parecer soluciones válidas para esta enfermedad, me atrevería a afirmar que la verdadera solución se dará a un plazo muy largo. Como a los bárbaros de Kavafis, el mundo actual necesita de los adictos para tener, por un lado, una excusa para armar aparatos represivos y círculos de poder; y por otro lado los adictos son necesarios para constituirse en el espejo de nuestro propio mundo vacío de significados y de calidez.

La verdadera vacuna contra esta epidemia consiste en la recuperación del alma: del alma del mundo y de las almas de las personas. La pregunta sería ¿cómo hacerlo? Más allá de las soluciones policiales y de la inútil normativa religiosa, el trabajo espiritual que ya se aplica en muchos lugares de rehabilitación y apoyo a adictos puede ser una herramienta válida, por el momento, porque tal como está, cambiar el mundo nos tomará milenios… aunque no se descarta que se lo pueda hacer.

jueves, 19 de agosto de 2010

La historia no contada de la Bienal

Sebastián Endara

El diario El Comercio del día 18 de agosto entre sus noticias de la sección cultural afirma que “la Bienal se aplazó por falta de dinero”. Pero ése no es el principal problema, es más bien un síntoma que refleja por un lado la incompetencia del Ministerio de Cultura, en la tan alardeada planificación de la actividad cultural del país, y por otro, la incoherencia de las autoridades que ahora dirigen a la Bienal, que no supieron defender en su momento, los intereses de la institución cuencana. Tenemos que ser, nuevamente, los ciudadanos comunes y corrientes, que muchas veces desempeñamos puestos subalternos y que conocemos a fondo la problemática, los que revelemos otras percepciones del problema, quizá más reales y menos comprometidas con la extensa red de deudas y favores, que la oscura red del manejo político, impone hasta a los más probos individuos. (Foto: hoy.com.ec)

La Bienal de Pintura de Cuenca se crea en el año 1985 como una apuesta ciudadana para reactivar el mercado local del arte pictórico y en 1987 se da su primera edición. Desde ese inicio hasta ahora, como era lógico, se han dado cambios a nivel artístico, en la concepción político-cultural y reformas en el proceso organizativo. En los años noventa, un grupo de diputados consiguen la aprobación de un presupuesto definitivo para la realización de la Bienal dentro del Presupuesto General del Estado, asignado a través del Ministerio de Educación. Este presupuesto según registro oficial, debía ser asignado permanentemente a la Bienal, sin prejuicio del presupuesto destinado a otras actividades culturales. Con la creación del Ministerio de Cultura, la aprobación de la Constitución del 2008, y el mandato de realizar la Ley de Cultura, las cuestiones administrativas cambian, pues la Bienal entra a ser parte del cuerpo de instituciones regidas por el nuevo Ministerio y su propuesta de planificación, no obstante, ya en momentos previos a la X edición de la Bienal, internamente se percató de una incoherencia entre las disposiciones del Ministerio en su afán dominador, perdón, planificador de la cultura, y las conquistas históricas de aquellos representantes cuencanos ante el principal órgano de la democracia del país, el entonces Congreso Nacional. Paralelamente, la Bienal había entrado en un proceso de reformas institucionales, pues requería ser pensada como una institución de servicio permanente a la comunidad, no solo como un servicio bienal, sino diario, de formación e información del arte contemporáneo que sobrepasó la expresión pictórica. Entra entonces a conformarse como Fundación Municipal Bienal de Cuenca, apoyada por todo un directorio que representaba a algunas instituciones de la ciudad y entre los que se encontraba el actual Alcalde Paúl Granda, cuando fue Concejal.

Cuando Ramiro Noriega, en ese entonces Ministro de Cultura, quita la representación a la Subsecretaria de Cultura del Austro y pone en su reemplazo al artista Marcelo Aguirre, comienzan a darse cambios, para muchos negativos, en la institución Bienal, uno de ellos es que el Ministerio deja de aportar económicamente los recursos de la Bienal (bajo una serie de argumentos que sin dejar de ser inválidos, hasta ahora se manejan) y el Directorio de la Bienal, que está ahí entre otras cosas para defender a la Bienal no dijo ni pío -y no dice ni pío-. A inicios de este año se firmó un acta de compromiso entre el actual Alcalde y el Ministro de Cultura, en donde se dice que la Bienal debe presentar un Plan de Fortalecimiento previa presentación de una evaluación de actividades, para de ahí generar un Convenio de Cooperación con el fin de realizar la Bienal de Cuenca, petición que fuera impulsada por Diego Carrasco, actual Director de la Bienal y ex Director de Cultura del Municipio, quien dejó el puesto con una serie de proyectos inconclusos en la Alcaldía. Ahora, cuando al personal de la Bienal ya se le adeuda dos meses de salario, se incorpora a un cuerpo de investigadores que no ganarán menos de mil dólares mensuales cada uno, cuando se quejaba que la Bienal administraba mal sus recursos porque no hacía gastos de inversión, solo gastos corrientes. También se incorporará alguien más que se encargue de 'conseguir recursos', actividad para nuestro criterio, reservada al propio director. En la actualidad existe en borrador el Convenio de Cooperación donde se reduce el presupuesto de la institución y se solicita al Municipio de Cuenca la estricta coherencia del proyecto de desarrollo cultural 'Bienal Internacional de Pintura de Cuenca' con los intereses del Ministerio, el cual atraviesa una dura época pues, su labor ha sido cuestionada como centralista por varios actores, y la misma Ley de Cultura casi no cuenta con el respaldo ciudadano.

Finalmente, hay que decir que a pesar que la Bienal -como toda bienal-, ha sido una institución altamente criticada, al mismo tiempo y a pesar de las críticas, es la institución más prestigiosa del arte contemporáneo en el país, y una de las más importantes de Latinoamérica, y eso no se obtuvo por arte de magia, sino con trabajo de un cuerpo especializado de técnicos. Ahora nos alientan con la noticia de que el municipio sube en veinte mil dólares su asignación a la Bienal, pero por gestiones anteriores, el municipio -anterior- reconstruyó para la ciudad la bella casa patrimonial, gastando casi un millón de dólares.

Lo único que esperamos es que los ciudadanos salgamos ganando, incluso aquellos que comienzan a tener dudas en el apoyo que dieron a una administración que hasta ahora, y conste que ya ha pasado un tiempo razonable, no muestra ni una sola propuesta clara.